¡43 años de la primer ronda de las Madres!¡43 años de resistencia!

0
365

El 30 de abril de 1977 acudieron a la Plaza 14 madres en plena dictadura cívico-militar. Regía el estado de sitio, no se podían hacer reuniones públicas. Argentina transitaba el primer año de la peor dictadura cívico-militar de su historia. Un dictadura que dejó 30 mil desaparecidos, una deuda externa millonaria, y consecuencias sociales.

La Policía Federal se les acercó y les ordenó marcharse, un oficial que les dijo “circulen, circulen”. Esa tarde vencieron el miedo, se tomaron de a dos del brazo y comenzaron a caminar en ronda alrededor del monolito que está en el centro de la Plaza de Mayo, desde ese día hasta la actualidad.

Cuando comenzó una mujer llamada Azucena Villaflor* -víctima de la infiltración del asesino Alfredo Astiz en sus reuniones, y secuestrada junto a las madres María Eugenia Ponce y Esther Ballestrino de Careaga- dijo: “Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo?”

En aquel entonces no llevaban ni pañuelos ni carteles, pero el día de la Virgen de Lujan decidieron partir en procesión a la Basílica identificándose con un retazo cuadrado de tela de pañal atado a la cabeza, simbolizando a sus hijos.

Madre e hija de Plaza de Mayo 1982, fotografía de Adriana Lestido

Muchas de ellas murieron víctimas del mismo terror como Azucena Villaflor. Otras tantas murieron sin encontrar a sus hijos.

Cada jueves con la ronda nació un símbolo de valentía real y resistencia a la dictadura militar que se replicó por todo el país. Cientos de ellas hoy, como Nora Cortiña, siguen marcando cuál es el rumbo.

43 años donde han sido un ejemplo de lucha inquebrantable contra la impunidad, por la memoria, la verdad y la justicia. 

“Enarbolando dignidad sobre pueblos vencidos, abriéndose caminos entre sueño y horror”.

“Las Madres del Amor”. León Gieco.


* El oficial de la Marina Alfredo Astiz, haciéndose pasar por hermano de un desaparecido, brindó información necesaria a la cúpula de la dictadura para que fueran secuestradas las madres Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet. Dos días después, Azucena Villaflor también correría el mismo destino. Ninguna reapareció.