“En la Argentina la recesión ha terminado”, decretó hace algunas semanas el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Afirmó que la economía argentina “se expandió” en el cuarto trimestre de 2016, que se recuperaron las exportaciones, resaltando la cosecha de trigo y la inversión en el campo. Y supone una recuperación del salario real que empujaría el consumo. ¿Cuál es la situación real detrás del escenario que propagandiza el ministro?
Contrariando este “relato M”, los datos muestran que la crisis continúa. La actividad de la construcción bajó 7,8% durante diciembre y acumuló una disminución de 12,7% en el 2016. Además, durante el “trimestre exitoso” de Dujovne, la actividad industrial en su conjunto siguió retrocediendo: en diciembre de 2016 retrocedió 2,3% con respecto al mismo mes del año 2015, en noviembre cayó 4,1% y en octubre cayó 8%. Acumuló una caída total de 4,6% durante el 2016. Y en enero 2017 volvió a caer: 1,1% menos que en enero de 2016. Durante el año pasado la industria operó al 64,3% de su capacidad instalada. (datos Indec)
Otro dato mentiroso con el que pretenden construir el “relato M” es que las importaciones del 2016 fueron 6,9% menores a las de 2015. Según el Indec, en los doce meses de 2016, la balanza comercial fue superavitaria en 2.128 millones de dólares. Pero un simple análisis con mayor detalle revela un claro proceso de mayor primarización y desindustrialización.
Las exportaciones aumentaron 1,7% respecto a 2015 (crecimiento de 949 millones de dólares). Pero las exportaciones de productos primarios crecieron 17,7% y las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario crecieron 0,2%, en tanto que las exportaciones de combustibles y energía cayeron 11,5% y las de manufacturas de origen industrial un 6,6%. Es decir: exportamos más productos primarios pero menos industriales.
En cuanto a las importaciones: cayeron un 30,7% la de combustibles y lubricantes; las de bienes intermedios, 14,4%; las de piezas y accesorios para bienes de capital, 10,8%. Son todos datos coherentes con la caída de la actividad industrial. En tanto, subieron 33,5% las importaciones de vehículos automotores de pasajeros y 9,1% las importaciones de bienes de consumo, compitiendo con la producción nacional en un mercado interno que se achica. Calzado, juguetes, muebles, artículos eléctricos y textiles encabezan esta lista. Por otra parte, la recuperación del consumo y del salario real es una fantasía derrumbada en pocos segundos por las estadísticas de la pobreza: un millón y medio de nuevos pobres en un año de gobierno. El salario real cayó entre 6% y 10% en registrados y mucho más en no registrados durante el 2016. Y el tope de 18% que pretende imponer el gobierno en las paritarias 2017 sería un nuevo recorte salarial frente a una inflación de más de 25% esperada para este año. En concreto, las ventas minoristas cayeron 4,1% en febrero y 3,3% en el primer bimestre, comparando con el ya flojo 2016 (Came).
Dujovne sostiene su relato apoyado principalmente en el repunte de la actividad agropecuaria –particularmente la cosecha récord de trigo– luego de la devaluación, la eliminación/reducción de retenciones y sus efectos sobre las exportaciones. Pero esto es una parcialidad que no puede ocultar el proceso de desindustrialización agudo, destrucción del empleo y crecimiento de la pobreza.










