El 1º de octubre de 1949 se constituyó la República Popular China, tras echar al imperialismo japonés y tras varios años de guerra civil revolucionaria.
La revolución china fue un enorme paso adelante y realizó aportes fundamentales para todo el movimiento obrero y comunista internacional. Si en aquel país más poblado de la tierra se restauró el capitalismo y luego profundizaría ese camino hacia una potencia imperialista como la conocemos hoy, siguen vigentes las enseñanzas del enorme proceso revolucionario que encabezó Mao Tse-tung.
El 1º de octubre de 1949 triunfó en China la revolución de Nueva Democracia dirigida por el Partido Comunista que encabezaba Mao Tse-tung. Con ella, triunfaba por primera vez en la historia una revolución que abría paso –culminada la reforma agraria– a la construcción y transformación socialista de un país semicolonial y semifeudal, oprimido por el imperialismo y en disputa entre diversas potencias imperialistas. En aquel momento con un 80% de campesinos, principalmente pobres. La revolución china fue un enorme paso adelante y realizó aportes fundamentales para todo el movimiento obrero y comunista internacional.
Dada la lucha alrededor de la propia historia de la Revolución China y los aportes de Mao Tse-tung, entendemos fundamental basarnos en los análisis de los maoístas chinos, que han hecho un estudio muy particularizado, sistematizado, detallado de todos los antecedentes y de todos los períodos de la Revolución China, y en particular en los cinco tomos de las Obras Escogidas de Mao Tse-tung.
Hay periodos significativos en la Historia de la Revolución y el Partido Comunista de China. Influenciaron en ella los sucesos de la Primera Guerra Mundial y el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia. Se inicia entonces la asimilación del marxismo-leninismo entre la clase obrera, los estudiantes y la intelectualidad china. En 1911 se produjo una revolución burguesa en China comandada por Sun Yat Sen, donde se instaura la república; aunque, por su condición de clase, no resolvió el problema de la tierra y la liberación, por lo que fue rápidamente derrocada. Luego se produjo el movimiento del 4 de mayo de 1919, que unió a obreros y estudiantes. En 1921, se fundó el Partido Comunista de China (PCCh).
Periodos fundamentales
La primera Guerra Civil Revolucionaria fue una expedición armada al norte contra los caudillos militares. Duró tres años y, aunque fracasó, encendió una gigantesca mecha revolucionaria en China, sobre todo porque despertó la lucha de millones de campesinos.
Posteriormente, luego de la muerte de Sun Yat Sen, esta guerra fracasó por la traición del Kuomintang, ya dirigido por Chiang Kai Shek, que desató una matanza gigantesca en el año 1927. El oportunismo de derecha que se impuso en la dirección del PCCH abonó esa dura derrota.
Posteriormente, el Partido desata nuevas luchas, nuevas insurrecciones, como la de Cantón el 1° de agosto de 1927, iniciándose el período de la Segunda Guerra Civil Revolucionaria. Paralelamente, Mao Tse-tung, reuniendo las fuerzas dispersas de los numerosos combates de obreros y campesinos que venían resistiendo. Estableció lo que fueron las bases guerrilleras, que combinaron la lucha militar con la lucha económica y mantuvieron en alto las banderas revolucionarias del pueblo chino. Contra esto, el ejército reaccionario desata una feroz represión, las llamadas “Campañas de cerco y aniquilamiento” del gobierno de Chiang Kai-shek, quien se impondría en la quinta campaña.

Mao Tse-tung encabeza entonces en octubre de 1934 la heroica Larga Marcha de más de 10.000 kilómetros desde las montañas Chingkang hacia la zona noreste de China, zona clave para enfrentar a los invasores japoneses. Marcha histórica, en que avanzan combatiendo en medio de extremas dificultades: arrancaron 200 mil combatientes y llegan 30 mil a Yenan un año después. Durante la Larga Marcha, en enero de 1935 en la región de Sunshi, Mao es elegido secretario general del partido y comandante en jefe del Ejército Rojo. Mao venía sosteniendo desde hacía tiempo que la Revolución China, por el tipo de país, la forma de la acumulación revolucionaria era una guerra popular prolongada, en que debían enfrentar necesariamente armados a sus enemigos, y que debía ir del campo a la ciudad, creando bases revolucionarias en las zonas agrarias hasta culminar con la toma de las ciudades.
Luego de numerosas vicisitudes, se conformó un nuevo frente único con el Kuomintang contra el colonialismo imperialista japonés, que había acrecentado su poderío y extensión territorial. Se inició así el período de Resistencia al Japón que culminó en 1945 al ser derrotado el fascismo japonés.
Comienza entonces la Tercera Guerra Civil Revolucionaria, que va desde 1945 hasta 1949, donde el PC de China enfrentó a la contrarrevolución comandada por Chiang Kai-shek y el imperialismo norteamericano, y logró el triunfo de la Revolución de Nueva Democracia y la instauración de la República Popular China.
La transición y las transformaciones socialistas
Aquí se inicia el llamado “período de transición”, en que se termina la reforma agraria en todo el país, y en que la línea general y la tarea general del Partido para este período consistía en cumplir en lo fundamental la industrialización del país hacia las transformaciones socialistas de la agricultura, de la industria y comercio capitalistas.
Esa transición tuvo diferentes etapas en su desarrollo a lo largo de los años, hasta llegar a la contradicción principal entre la clase obrera y la burguesía.
Este período se caracterizó por una aguda lucha de clases y líneas entre quienes seguían parados en el mismo sitio después de haber alcanzado el triunfo de la Revolución de Nueva Democracia, y sin comprender que ha cambiado el carácter de la revolución, continúan sosteniendo conceptos oportunistas de derecha. Esto estaba fogoneado por formulaciones de altos dirigentes del Partido como “establecer firmemente el orden social de nueva democracia” y que resistían las transformaciones socialistas. Frente a esto se desarrollaban también errores de “izquierda” que consideran demasiado largo el período de transición y se impacientaban.
La revolución china dirigida por el Partido Comunista significó el fin de la dominación de las potencias imperialistas sobre el país, el fin de los terratenientes y la derrota de la burguesía asociada a éstos. Cientos de millones de campesinos lograron acceder a la propiedad de la tierra, se terminó con el hambre, avanzaron en la cooperativización socialista, se produjo un enorme avance en la industrialización sobre la base fundamentalmente de la propiedad estatal socializada, se crearon sistemas universales de salud y educación, se desarrolló una intensa lucha para que las mujeres se liberaran de las prácticas feudales arraigadas por miles de años, y muchos otros avances. Por primera vez la clase obrera y el pueblo chino tuvieron el poder en sus manos.
La revolución china fue un gran paso práctico para la clase obrera y el movimiento comunista mundial. Fue Mao Tse-tung fundamentalmente el que lo sintetizó teóricamente, haciendo un gran aporte al marxismo-leninismo, no solo en cuanto a la estrategia y táctica revolucionarias en los países oprimidos, sino también en cuanto a la construcción socialista, en los terrenos económico, filosófico y en la lucha contra el revisionismo y la restauración del capitalismo.
Desató y dirigió la Revolución Cultural Proletaria iniciada en 1966 y formuló la teoría de la continuación de la revolución bajo las condiciones del socialismo. Producida en 1957 la restauración del capitalismo en la Unión Soviética, fue Mao Tse-tung al frente de los comunistas chinos quien desentrañó las causas más profundas de dicha derrota del proletariado, encabezando la lucha contra el revisionismo antimarxista no sólo en China sino a nivel internacional.
La vigencia la salida revolucionaria
Este nuevo aniversario de la revolución China, encuentra a ese país en la lógica de una potencia imperialista, en su necesaria carrera por la conquista de los mercados y áreas de influencias en el mundo, parado sobre un desarrollo acelerado e histórico de una potencia que supo utilizar aquellos avances revolucionarios para potenciar su restauración hacia su contrario.
Muestran al mundo un país y una economía que se sostiene sobre la base de la dirección del PCCH pero no fomenta a nivel mundial la vigencia del socialismo sino el desarrollo desigual dentro del sistema capitalista imperialista sobre aquellos países dependientes y en disputa.
Y es en esa disputa particularmente con el imperialismo yanqui donde transcurre una guerra comercial que cada día mas se adentra en una guerra militar a nivel mundial bajo los cielos de una etapa elevada, en descomposición, pero con destrucción distópica a su paso, dejando como nunca antes hambruna, destrucción de los ecosistemas y mayor desigualdad a su paso.
China se sostiene y avanza a la par de la decadencia de la única superpotencia mundial, EEUU. Esta disputa encierra la batalla que marcará el desenlace de este largo tiempo liminal que atravesamos. Nada indica que allí está la esperanza de los pueblos, por el contrario, será, quizás, “un barajar y dar de nuevo” con otras características, pero manteniendo la esencia del modo de producción dominante en la etapa imperialista, donde la Inteligencia Artificial (IA) se usará para someter aun mas la mano de obra asalariada, donde las libertades serán sometidas a la vigilancia extrema, donde la democracia y los DDHH serán solo palabras vacías y las soberanías sometidas al designio de los más poderosos.
Pero este largo interregno donde transitan los monstruos que detentan el poder, marcan las razones objetivas de la necesidad de los cambios revolucionarios. Marcan el límite a donde ha llegado la humanidad antes de caer definitivamente al abismo. Marca la última frontera, esa desde donde empieza el comienzo de una nueva historia.
Las enseñanzas muestran que lo pequeño se transforma en grande uniendo certezas y voluntades hacia una misma dirección, marcando una estela, un camino donde antes era solo desierto y desolación.
La revolución es la única que no muere por vieja, porque es la salida desesperada de aquellos que perdieron todo, pero buscan la esperanza donde la subjetividad está llamada a dársela, llevándola al triunfo sobre los enemigos declarados, pero siendo cimientos de una nueva sociedad donde la vida valga la pena ser vivida.
El desenlace de este largo interregno o liminalidad por la que atravesamos no está escrito aún, y es allí precisamente, donde aquellas mejores experiencias de procesos políticos y sociales como los de la China socialista tras el triunfo aquel 1° de octubre de 1949 vienen al presente, no como elementos nostálgicos, pero tampoco impolutos porque son parte de los necesarios aprendizajes para transformar el presente, sin negar los errores, sin maquillar y sin traslados mecánicos reñidos con el presente.
Solo entender aquello que el propio Mao Tse-Tung sostenía en cuanto a la lógica de los pueblos de “luchar, fracasar, levantarse, volver a luchar, fracasar y así hasta triunfar”, esa resiliencia que lleva a alcanzar los sueños de una vida digna.
Esos aportes de Mao no serán olvidados por las generaciones que vivieron esas transformaciones revolucionarias en aquellas experiencias inéditas donde millones se pusieron de pie y fueron protagonistas de la historia.

Tan profundo fue que hasta el día de hoy no se pueden arrancar las figuras de aquel gran comunista revolucionario. Tan profundo fueron aquellas experiencias que no hay casa en el interior profundo, que no se muestra, de la China actual donde no haya una foto de Mao en las paredes, porque ganaron los que nada tienen, ganó el pueblo con la reforma agraria y una dirección revolucionaria.
“ser atacado por el enemigo no es malo, sino bueno” solía sostener Mao, marcando aquello que si hoy la derecha o la ultraderecha, con todos los medios y a su servicio los poderes de estado atacan a los comunistas y allí enrolan a todas aquellas expresiones emancipadoras que luchan contra la explotación y por el buen vivir, será porque saben que ubo experiencias de construcción de una sociedad de nuevo tipo, en claro beneficio de la inmensa mayoría del pueblo que quieren que no se conozca.
Hoy estamos los comunistas revolucionarios, los que practicamos el marxismo-leninismo-maoísmo y aprendemos junto a decenas de experiencias y trabajos de otros revolucionarios latinoamericanos que trabajan y trabajaron día a día para la emancipación de los países del continente y el mundo.
A diferencia del revisionismo y los enemigos de los pueblos, no ocultamos las derrotas, sino que tratamos de procesarlas y sacar experiencias de ellas. No edulcoramos la realidad y la lucha de clases y sabemos que si la primera etapa de la revolución socialista que abarcó desde 1917 hasta 1978, fue derrotada, lo fue dentro de una época revolucionaria prolongada, abierta por la fase imperialista del capitalismo, que conocerá nuevas oleadas y etapas revolucionarias.
Porque se van tensando las contradicciones fundamentales del mundo actual, entre la burguesía y la clase obrera; entre los países imperialistas y países, pueblos y naciones oprimidos; y las contradicciones intermonopolistas e interimperialistas; contradicciones que se influencian recíprocamente y se evidencia en el avance de la guerra imperialista que arrastra a los países donde los pueblos ponen los muertos, y donde la naturaleza paga con sus tierras, ríos y mares envenenados por el avance de los monopolios y terratenientes.
En estas condiciones, los revolucionarios encontramos el oxígeno y la creatividad para escribir la segunda etapa de la revolución y tratar de darle una salida emancipadora a este tiempo liminal, sabiendo que como hicieron los comunistas chinos, la preparación de las fuerzas revolucionarias son fundamentales para encender la chispa que incendie la pradera.
¡Viva la revolución china!
¡Viva Mao Tse-Tung!
Gustavo Funes




















