Sobre la reelección de Maduro

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En las elecciones presidenciales en Venezuela, Nicolás maduro obtuvo 5.823.728 votos. Su principal contrincante, Henri Falcón, consiguió 1.820.728 votos. Atrás quedaron Javier Bertucci con 925.042 votos y Reinaldo Quijada con 34.614. El resto de la oposición llamó a la abstención y desconocen el resultado, al igual que Falcón. La participación fue del 48%, de acuerdo a lo informado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Es decir, aún según los datos oficiales, el abstencionismo superó a los venezolanos que fueron a votar.

Maduro llega a su reelección luego de maniobrar y derrotar el intento de plebiscitar su destitución. Con ese objetivo, por un lado, reprimió las masivas movilizaciones con un saldo de más de un centenar de asesinados, denunciado no sólo por Amnesty International sino incluso por el CELS argentino. Por otra parte, tras un fallido intento de disolver la Asamblea Nacional (el poder legislativo, con mayoría opositora) desde el oficialista Tribunal Superior, finalmente logró imponer la Asamblea Constituyente que reemplazó en los hechos a las Asamblea Nacional. En todo este proceso de crisis institucional abierta cuando la oposición logró la mayoría legislativa en 2015, la principal fortaleza del gobierno de Maduro ha sido lograr mantener unificada a las Fuerzas Armadas. Ahora, si bien la reelección reafirma a Maduro como presidente y evidencia que no hay crisis política en Venezuela. Maduro, después de conocer los resultados, ha convocado a los tres candidatos derrotados y a los líderes promotores de la abstención a un diálogo para atender las diferencias y hacer frente a la crisis del país.

La abstención en 1998, cuando Chávez llegó al gobierno, fue del 37%. En el año 2000, en las elecciones luego de la reforma constitucional, la abstención fue del 44%. Y en 2006, cuando volvió a ganar Chávez fue del 25%. El abstencionismo en esta última elección muestra la gravedad de la crisis social que atraviesa Venezuela. Una crisis que nos recuerda el hambre en 2001 en nuestro país.

En el fondo de esta crisis está que Venezuela continúa siendo desde el punto de vista de su matriz productiva, mono-productor de petróleo, cuyo principal comprador sigue siendo EEUU. En las últimas décadas el gobierno venezolano ha confrontado políticamente con este imperialismo, buscando apoyarse en otros imperialismos como Rusia y también China. No ha logrado un desarrollo soberano que le permita resolver, por ejemplo, el auto abastecimiento de alimentos. En el último período, la baja del precio del petróleo mostró con crudeza la fragilidad de la economía de Venezuela, que sigue una nación dependiente y oprimida por los imperialismos.

Si bien el precio internacional del petróleo crudo está subiendo y alcanzando los niveles más altos desde 2014, la caída vertiginosa de la producción en Venezuela repercutirá directo en la economía, ya que son dólares que no entran, en el marco hiperinflacionario de la economía. En abril se produjo apenas 1,5 millones de barriles por día, la cifra más baja en los últimos 30 años, según la OPEP, Organización de Países Exportadores de Petróleo

Repercusiones internacionales

El resultado de las elecciones generó felicitaciones por parte del presidente ruso, Vladímir Putin, quien expresó que “la actividad de Nicolás Maduro como el jefe de Estado va a contribuir al desarrollo de la cooperación estratégica que existe entre los países”, según un comunicado del Kremlin. También el reconocimiento del gobierno chino: “Las partes involucradas deben respetar la decisión del pueblo venezolano”, afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino.

Por otro lado, EEUU lo desconoce abiertamente: “La elección de Venezuela fue una farsa, ni libre ni justa. El resultado ilegítimo de este proceso falso es un golpe más a la orgullosa tradición democrática de Venezuela”, declaró el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, “Estados Unidos no se quedará de brazos cruzados”, agregó. Al otro día de las elecciones, Trump anunció nuevas sanciones a Venezuela al firmar una orden ejecutiva por la que limita al gobierno de Nicolás Maduro la venta de deuda y activos públicos petroleros en territorio estadounidense.

Por su parte, la Unión Europea manifestó que las elecciones venezolanas no fueron “ni libres ni justas” y aprobó un embargo de armas y sanciones contra siete funcionarios del gobierno venezolano, entre ellos Diosdado Cabello (elpais.com, 28/5). En esta misma sintonía, los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú expresaron que no reconocen la legitimidad del proceso electoral.

Reafirmamos: Nuestra posición ante la grave situación del pueblo y la nación de Venezuela es en primer lugar el respeto de la autodeterminación de los pueblos, la no injerencia imperialista de ningún signo, y el repudio a toda intervención militar yanqui que sostiene económica y políticamente a los sectores oligárquicos en Venezuela. Repudiamos la actitud del gobierno argentino, en clara sintonía con EEUU y las potencias europeas, que mientras condena al gobierno de Venezuela avanza con el ajuste y el pacto con el FMI, así como avala y reconoce al fascista Estado de Israel conducido por Netanyahu que masacró hace pocos días 51 ciudadano palestinos. Basta de represión y por la libertad de los presos políticos del pueblo. Restablecimiento de todas las garantías democráticas.