Hace pocos meses el gobierno –con la firma de Macri, Peña y Dujovne– puso fin a la obligación de liquidar en nuestro país las divisas por exportaciones de bienes y servicios al derogar una serie de normas relativas al mercado de cambios, algunas de ellas vigentes desde hace cinco décadas. Se trata del Decreto 893/2017 del 1º de noviembre pasado. Al inicio del gobierno de Macri, la normativa vigente exigía que las divisas de exportación se liquidaran en el mercado financiero local dentro de los 30 días de concretada la operación. Luego Macri llevó ese plazo a cinco años, más tarde se extendió a diez años y finalmente dese noviembre ya no hay obligación de hacerlo.
Es decir que, aunque usted no lo crea, los dólares producto de las exportaciones de cualquier tipo (soja, aceites, caños, automóviles, etc.) pueden quedarse para siempre en el exterior. De esta manera la única entrada genuina de divisas se dio de baja. Para compensar este faltante el gobierno salió a endeudarse, derivando en las consecuencias que vivimos por estos días. El reciente pedido desesperado de Carrió a los exportadores para que liquiden sus divisas difícilmente compense la grave medida tomada por el gobierno. La cuestión de fondo que se ha ocultado –y agravado– es la restricción externa.




















