Las energías renovables son las basadas en la utilización de los rayos del sol, el viento, el agua o la biomasa vegetal o animal. Es decir, las que no provienen de combustibles fósiles. Actualmente incorporar este tipo de energías en nuestro país es conveniente. Por un lado, porque se depende en exceso del gas natural –que últimamente se importa a un alto costo– para la generación eléctrica. Por otro lado, porque nuestro país cuenta con una gran capacidad de recursos renovables.
Por una cuestión técnica, no se puede depender únicamente de este tipo de recursos. Algunos afirman que del total de energía producida, sólo hasta un 30% puede ser renovable. La ley 27.191 de 2015 estableció objetivos de energía renovable a producir (ver gráfico) alcanzando hasta un 20% en 2025.
Este desarrollo podría ser, además, una palanca tecnológica y productiva para nuestra industria nacional. Sin embargo, la política del macrismo desaprovecha esta oportunidad y promueve que también en esto sea remachada la dependencia. En las adjudicaciones promovidas en los últimos dos años (Renovar 1, 1.5 y 2) por un total 4.500 MW, difícilmente se logre siquiera un 20% de integración nacional. La mayor parte de esta integración no es tecnología. Hasta es probable que componentes importantes como el generador eléctrico y la caja reductora, de los generadores eólicos, nunca sean fabricados en Argentina.
Cabe recordar que en nuestro país existen fabricantes con experiencia capaces de producir parte de la infraestructura necesaria para completar los proyectos. Es una situación similar a la del Astillero Río Santiago, donde se podrían producir en nuestro país maquinaria para cubrir necesidades. Pero, por el contrario, las políticas del gobierno apuntan a generan condiciones para importar los productos del extranjero.
Concretamente, se redujeron aranceles a la importación de estructuras, máquinas y aparatos. De esta forma el gobierno promueve la importación de tecnología y material manufacturado de países como España, Alemania, EEUU y China, entre otros.
Una consecuencia inmediata es un mayor déficit comercial, es decir salen dólares del país y entran máquinas que podrían fabricarse acá. En segundo plano, los pocos fabricantes nacionales no tienen oportunidad de vender y son condenados a la extinción o, en el mejor de los casos, a adaptarse a las tecnologías extranjeras. Y por último, y como consecuencia a más largo plazo, se pierde nuevamente la oportunidad de generar tecnología y empleo industrial de un alto nivel tecnológico.




















