Continuamos con la publicación de la conferencia de Jorge Rocha en homenaje a Mao Tse-tung del 14 de septiembre de 2001 en la Facultad de Ingeniería de la UBA, con los apartados siguientes, posteriores a La continuación de la revolución en las condiciones del socialismo, publicado en el Vamos! Nº84.
La Revolución Cultural Proletaria
Claro que el desarrollo de estas contradicciones no sigue tampoco en el socialismo un camino lineal. En determinadas circunstancias, en la relación de la consonancia y la no consonancia -entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y entre la base económica y 1a. superestructura- se desarrolla la no consonancia. Con la posibilidad de que este aspecto pase a predominar de conjunto y de que cambie el carácter de dichas contradicciones. Se crean así las condiciones que tornan necesarias las revoluciones dentro del socialismo. La necesidad de que la acción revolucionaria de masas del proletariado dirigido por los marxistas-leninistas, barra a la burguesía de las posiciones que ésta mantiene en el poder y afiance su propio poder: la dictadura del proletariado.
Lo inédito de dichas revoluciones consiste en que se desarrollan bajo las condiciones de la dictadura del proletariado para derrotar a las fuerzas burguesas que luchan por imponer el camino capitalista y la restauración capitalista, con el apoyo abierto o encubierto del imperialismo a escala mundial; para derrotar esas fuerzas burguesas y afianzar así la dictadura del proletariado.
Esta fue precisamente la experiencia china. Ya en 1957, en su trabajo “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”, Mao Tse-tung analizó el fenómeno de consonancia y contradicción simultáneas que se da en el socialismo entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas, y que se presenta también entre la superestructura y la base económica. Sin embargo, casi diez años después, y luego de desarrollar una tenaz lucha en el terreno de la superestructura, de la revolucionarización de las relaciones de producción y obtener éxitos pronunciados en el desarrollo de las fuerzas productivas, debió desatar y encabezar la Revolución Cultural Proletaria.
La lectura de los documentos contenidos en el V tomo, muestra la intensidad de la lucha de clases en el socialismo y la fuerza con la que luchó el maoísmo. Pero también cómo la derecha, los seguidores del camino capitalista, no obstante sufrir los embates de las masas dirigidas por el maoísmo, luego de replegarse, emboscarse, volvían a embestir contra la dictadura del proletariado y el camino socialista. Y muestra muy en especial cómo la lucha se condensa, decisivamente, dentro del Partido y de su Dirección. Lucha que llevó también a la necesidad de profundizar en las raíces sociales y políticas del revisionismo. E investigar el porqué del surgimiento y desarrollo de componentes del Partido, que en un proceso, se transforman en seguidores del camino capitalista y trabajan para la restauración burguesa.
Las campañas masivas de educación socialista desarrolladas en todos esos años no fueron suficientes. Se hizo necesario desatar una revolución, inédita, para resolver la aguda contradicción abierta, para restablecer la consonancia y la contradicción simultáneas como ley general del desarrollo de la sociedad socialista en marcha hacia la sociedad comunista.
La teoría revisionista de las “fuerzas productivas”
¿Y a qué se opuso esta teoría y práctica de la continuación de la revolución en las condiciones del socialismo? Se opuso a la teoría burguesa y revisionista enarbolada por Jruschev, y en China por Teng Siaoping, que planteaba que la contradicción principal era la que se daba entre las relaciones socialistas de producción y el atraso de las fuerzas productivas. Por lo cual el pro¬blema central pasaba a ser superar dicho atraso en el desarrollo de las fuerzas productivas. Allí y solo allí estaba según ellos el problema. Con lo cual combatían la lucha contra las tendencias burguesas en la superestructura para así mantener y desarrollar sus posiciones en ella. Combatían la revolucionarización de las relaciones de producción para mantener sus posiciones burgue¬sas en ellas, y con ello combatir la concepción proletaria del desarrollo de las fuerzas productivas. Y esto en China, donde luego de concretarse la reforma agraria, millones y millones de campesinos pasaron a ser propietarios de pequeñas parcelas de tierra; y donde desde entonces se desarrollaba una aguda lucha para avanzar en la conformación de cooperativas, de comunas populares, para avanzar hacia la propiedad socialista sobre la tierra.
En definitiva, fue la teoría revisionista burguesa para imponer la restauración y el camino capitalista tanto en la Unión Soviética como en China en 1978. Teoría que repite aquí Echegaray, y desde fines de la década del 50 hasta la fecha el PC argentino. Para ellos no existió ni existen clases y lucha de clases en el socialismo.
Desarrollo burgués y desarrollo socialista
Porque existe también la lucha de clases en la concepción sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. Una cosa es el desarrollo burgués. Otra cosa es el desarrollo socialista. Y si no veamos qué es lo que ha pasado en China. Ha habido desarrollo, claro que sí. Pero a través de restablecer el capitalismo y la explotación. Ese desarrollo capitalista, como vemos en todo el mundo, no resuelve el problema de millones sino la ganancia de unos pocos. Nunca como ahora se ha comprobado la contradicción antagónica entre la opulencia de una minoría y el hambre, la miseria y la explotación de miles de millones en el mundo.
La burguesía china avanzó. Exporta capitales y tiene planes de dominación y hegemonismo en el mundo. En nuestro país ya tenemos capitales y bancos con participación de capitales chinos. Si miramos las estadísticas, ha sido uno de los países que en los últimos años ha desarrollado más su Producto Bruto Interno anual. Pero junto con ello, las estadísticas nos dicen que ha crecido en forma pavorosa también la explotación, la opresión, la ruina de millones de campesinos, el hambre, la desocupación, y la represión de la lucha de las masas obreras, campesinas y populares. Y si no, recordemos Tienanmen.
Y en relación a este desarrollo económico, al que le cantan tantas loas los actuales dirigentes chinos, cabe precisar lo siguiente. Es verdad que en determinado grado y medida, en determinados períodos, regiones y países, en determinadas áreas de la economía, se desarrollan las fuerzas productivas en el capitalismo imperialista actual. Pero como señaló Lenin, eso no nos puede ocultar que mirado en su conjunto e históricamente, el sistema imperialista, del que ahora forma parte China, se ha transformado de conjunto en una traba al desarrollo de las fuerzas productivas, conlleva en sus entrañas la destrucción de fuerzas productivas. No nos puede ocultar que el imperialismo, como fase superior del desarrollo capitalista, lo ha convertido de “progresivo” en parasitario, es decir, desde un punto de vista histórico, en un sistema en descomposición. En el que, como analizó Marx en el Prólogo de “Contribución a la Crítica de la Economía Política”, en 1859, las relaciones de producción existentes, de formas de desarrollo de las fuerzas productivas se convierten en trabas suyas. Por eso se abre así -señaló Marx- “una época de revolución social”.
Y bien, este aporte teórico y práctico de Mao Tse-tung puso de relieve que el marxismo no sólo no era una pieza de museo sino la única teoría científica capaz de desentrañar las causas de fondo de las derrotas del socialismo en el siglo pasado. Capaz de dar a los revolucionarios un arma fundamental en su lucha por la revolución. De allí entonces una de las razones para la campaña de silencio a la que nos referíamos al comienzo, y el odio más feroz que profesa la reacción imperialista y el revisionismo antimarxista a Mao Tse-tung.




















