A lo largo de la cuarentena, con las mujeres de nuestra organización a la cabeza y muchas veces con plata de su bolsillo, se han multiplicado las ollas en barriadas y asentamientos populares.
Las compañeras, con un pequeño listado propio de medidas para cuidarse, se calzan cofia y tapabocas y ponen manos a la obra. Algunos días, superadas por las necesidades, se desesperan, se embroncan y reniegan, pero enseguida las vuelve a ganar la solidaridad y la voluntad de servir al pueblo y continúan.
Renuncian a horas con su familia para poder llegar a más y más gente y se exponen continuamente al contagio como les pasó a Ramona (de la Villa 31 que militaba en La Garganta Poderosa) o a Carmen (de la 1 11 14 que lo hacía en Barrios de Pié) quienes murieron por la desidia de Larreta. Sin provisión de alimentos secos y frescos, sin insumos de limpieza y sin capacitaciones y medidas sanitarias de prevención concretas, no solo no se evita que se difunda la enfermedad, sino que al cerrar y militarizar los barrios, se condena al contagio y posiblemente a la muerte a cientos de personas.

Se desesperan y embroncan también por las respuestas de los funcionarios de turno. Como la que tuvo aquel intendente en Santa Fe, que ante el pedido de frescos amenazó con retirar lo que estaba proveyendo: un pollo… ¡para 100 personas! En Merlo, Buenos Aires, hay más suerte: los pollos… ¡son 3! O cierto funcionario bahiense, orgulloso de haber cubierto el 25% del listado de emergencia entregado al principio de la cuarentena… ¡20 días después! En Salta, el 30 % de los alimentos secos que llegaron ¡son cuadernos de “Seguir Educando”! Y así, en todo el país. Ni hablar de que respondan favorablemente a los pedidos de aumento de mercadería necesaria. O que se abran nuevas bocas para recibir alimentos.
Nos preguntamos y les proponemos a estos funcionarios que reflexionen… ¿Qué va a pasar el día que se levante la cuarentena? ¿Cómo vamos a salir si no hay un peso porque no hay trabajo? ¿Alguien piensa a quién le van a vender los alimentos y productos los negocios que abren? Lo único que tenemos son deudas y la tarjeta explotada por comprar comida, También nos y les preguntamos: ¿de qué sirven las Apps y la «educación virtual» si no tenemos crédito en el teléfono?

En lo alimentario a las nuevas autoridades, les costó más de 3 meses regularizar el envío de mercadería por la política de tierra arrasada que dejó la retirada de Macri del gobierno. Lo que recibimos en febrero, fue distribuido rápidamente. Llegamos al 20 de marzo (inicio de la cuarentena) sin mercadería, situación que aún hoy persiste en casi todos los lugares porque se agregó el escándalo del pago de sobreprecios en el ministerio de Desarrollo que paralizó compras y distribuciones. También hay que decir que las medidas de emergencia, como el IFE, si bien ayudan, cuesta que lleguen: a más de 2 meses de anunciadas hay gente que aún no accedió al cobro.
Fue por todo esto que nuestra organización se volcó a atender las necesidades en los barrios populares. Ahí donde cumplir la cuarentena implicó para miles quedarse sin el ingreso del empleo como servicio doméstico, el cartoneo, las changas, o ser despedidos a pesar del decreto que lo prohíbe. Como consecuencia apareció el hambre.

En muchos lugares pusimos en marcha campañas solidarias o salimos a pedir aportes y donaciones a negocios locales, amigos, conocidos, contactos políticos y sindicales que nos permitieron cocinar en distintos barrios y abrir nuevos espacios. La réplica nacional en las redes del Vamos! nos puso en contacto con nuevos amigos, que desinteresadamente habían empezado a cocinar y repartir viandas. Se sumaron y se tejió una red de donaciones de dinero, alimentos, ropa, artículos de limpieza, etc, que multiplicó la solidaridad. Se pusieron en contacto viejos amigos que donaron el dinero que recibieron de regalo de cumpleaños, la jubilada que deseosa de ayudar físicamente, colabora por semana, la verdulera que al ver que una clienta le compró para donar agrega su colaboración, la vecina que mandó mensajes a los vecinos de su cuadra para ir a retirar las donaciones coordinadamente. La sala médica que recolecta alimentos y los acerca a la olla, miles de anónimos que borran su nombre al hacer la transferencia…

De esta manera duplicamos la cantidad de merenderos, comedores y ollas populares que rotan por diferentes sectores en pleno contexto de pandemia. Pero no alcanza: cada día se suman más y más familias que buscan esas viandas, quizás como única comida del día.
A su vez, hemos insistido incansablemente para ser parte de los comités de crisis, lo que sólo ocurrió en Chascomús. Como Federación Nacional de Trabajadores cooperativistas, precarizadxs y de la economía social pudimos incorporarnos a nivel de provincia de Buenos Aires, lo que permitió abrir negociaciones por garrafas, anafes y mejoras para merenderos.
Mientras escribimos estas líneas se anuncia una nueva extensión de la cuarentena hasta el 28 de junio. Continuaremos llevando adelante la cuarentena y exigiendo que se cumplan las medidas necesarias para plasmarla en cada barrio en el que estamos, seguiremos poniendo el cuerpo para combatir el hambre, pero sobre todo, levantamos orgullosos la bandera de René Salamanca y no dejaremos de reclamar y luchar por un nuevo rumbo para nuestro pueblo. Uno que deje atrás los intereses de la minoría que no quiere dejar de ganar dinero a costa de la salud y el hambre de la gente humilde, un rumbo que ponga por delante los intereses de los sectores populares para avanzar en nuestra liberación.





















