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El interminable genocidio Wichi en Salta

Mientras en los grandes medios de comunicación solo se habla del “corona virus” en China y sus casi nulas consecuencias en nuestro país, nada se habla del verdadero genocidio en el interior profundo sumergido de nuestro país, en este caso en el norte de la provincia de Salta donde según los líderes (caciques) de la comunidad Wichi, ya son 9 los niños muertos por hambre y desnutrición y más de 32 los que pende su vida de un hilo tirados en los hospitales y otros 160, con muy bajo peso.

El agronegocio desmontó, en los últimos diez años, 1.200.000 hectáreas. Y desalojó a cien mil mujeres, hombres y niños que vivían, comían y se curaban bajo su techo frondoso. La frontera agropecuaria se empuja y se corre e irrumpen la soja y la transgénesis donde estaba el monte. Un pueblo entero entre los árboles queda desnudo e inerme. Y se va muriendo, poco a poco.

En 2009 el diario Crítica publicaba una investigación sobre los vínculos de la familia y de los funcionarios del entonces gobernador de Salta , Juan Manuel Urtubey, con las empresas del desmonte y las soja en esa provincia. Urtubey gobernó 12 años y hace un mes se fue a vivir a España. El actual gobernador Gustavo Saenz –quien fuera candidato a vicepresidente de Sergio Massa y es uno de los principales apoyos- fue intendente de la capital de Salta en alianza con Olmedo (terrateniente sojero de esa provincia) y Romero. Hasta diciembre mantuvo una estrecha relación con Cambiemos, a través del entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio y Miguel Pichetto.

Saenz es parte de los responsables de la política de la sojización. Las aberrantes afirmaciones de su Ministra de Salud, “No es de hoy que los chicos mueren en esta época del año, hace muchos años que sucede esto en la provincia” deja en evidencia la línea y el desprecio por los pobres del ejecutivo provincial en una de las provincias más atrasadas de nuestro país.

Josefina Medrano, durante su jura como ministra de Salud, tras la asunción de Gustavo Sáenz como gobernador de Salta.

Plan sistemático

Rodolfo Franco, médico de Misión Chaqueña sostiene “Vengo advirtiéndolo desde hace años. He avisado al hospital que hay mucha desnutrición. Pero es un plan premeditado: se trata de sacarles la tierra y para eso primero los tienen que matar; es feo matarlos a balazos. Entonces lo hacen con hambre, con mala educación, con mala salud”. La Organización Mundial de la Salud, “sostiene que es necesario un médico cada 600 personas. Yo atiendo dos pueblos con 4000 y 2000. A veces mandan algún refuerzo esporádicamente, pero vienen apurados y se van apurados.

Esta realidad se viene arrastrando hace más de 30 años a esta parte, cuando comenzó a prefigurarse la política de sojización que trajo el desmonte y la falta de agua. Se puede ver a madres con sus hijos caminar kilómetros para cargar agua. Los niños mueren por deshidratación y mala alimentación. Algunos que han podido sobrevivir a la muerte en el norte de la provincia, la encuentras en las barriadas y asentamientos pobres que rodean la Ciudad de Salta donde se amontonan los y las que vienen huyendo de la muerte en el interior. Cientos de jóvenes se pueden ver a merced de la droga, la prostitución y la trata como relatan las compañeras de la René Salamanca de esa ciudad.

De enero a junio de 2011 murieron trece niños en Embarcación, Pichanal y Tartagal. De desnutrición y de enfermedades parientes del hambre en la Salta que Urtubey había heredado de Juan Carlos Romero. En 2016 se fue un niño por mes en el norte terrible, en la Salta y el Chaco que comparten el desmonte y el desprecio. El último en Rivadavia, una de las parcelas más castigadas de la provincia de los Urtubey que partieron buscando nuevos horizontes. El verano de 2017 se devoró a 21 niños wichis en Santa Victoria Este, ahí donde la Salta se acaba, como cayéndose en Paraguay. Doce bebés en ese verano brutal de Santa Victoria Este nacieron muertos porque sus madres languidecían de hambre y de sed. Cercadas por el abandono y la desidia. (APE)

Foto de Adrián Escandar

Desnudos

El desmonte los deja desnudos. Con las plantas les arranca los medicamentos, con la topadora les arrasa el patio para jugar, con los árboles y los animales que huyen les saquea el alimento. Más de la mitad de los niños del norte argentino son pobres, están mal (o des) nutridos, tienen hambre y toman agua sucia. Muchos de ellos forman parte de comunidades originarias, donde las mujeres no hablan la lengua blanca y las niñas se embarazan a los diez, a los once, tantas veces violadas. El modelo de los agronegocios, que dejó sin montes, sin selvas, sin frutales a la mayor parte de los paraísos de estos pies del mundo, a ellos los dejó desnudos. Arrinconados.

Están desnudos de todo y si hay un niño o niña desnutridxs es porque la familia lo está. En esta dura realidad, la tarjeta de alimentos no sirve, ya que en los parajes son casi nulos los almacenes con posnet y no hay ni siquiera agua en bidones.

El Gobierno Nacional sostiene que la situación es gravísima, se están estudiando hacer nuevos pozos de agua, pero el desmonte avanza y no hay una ordenanza que los impida.

Esta realidad es la que ha dejado el gobierno de Macri y Urtubey en Salta, pero es similar en el interior de Chaco o Formosa donde las comunidades Wichis y Qom vienen en la absoluta miseria donde luchan para no morir o ser expulsados de sus tierras.

“¿Tengo la culpa de morirme de hambre cuando me sacaron mi hábitat, me sacaron el monte? En Salta que no haya casi algarrobos, que es alimento principal. Cuando yo era chica no había chicos desnutridos. Entonces ¿qué culpa? Donde había algarrobos no hay nada”. Habían dicho que el problema era cultural. Que los wichí se llevaban los enfermos y los escondían en el monte. ¿Qué monte?”.

Octorina Zamora Niyat (autoridad) del Pueblo Wichí de Salta

En las grandes ciudades se van amontonado en las villas nuestros hermanos del interior profundo expulsados por un modelo sojero que impera en el país.

Frente a esta realidad, causa irritación y bronca que se destine siquiera tiempo para discutir cómo llegar a un “buen acuerdo” con los acreedores y el FMI responsables de una deuda odiosa y usuraria. El Congreso de la Nación en la medida que destina tiempo a esta Deuda se lo quita a este genocidio silenciado.

El resultado de un modelo es más que claro. En la medida que se siga con paliativos seguirá el genocidio. Hay que emprender el camino de cambio de la matriz económica, reemplazando la sojización por otros cultivos, donde las comunidades sean protagonistas de los cambios y no victimas o meros espectadores.

Donde se abandone el desmonte y los agro-negocios cambiando por la reforestación y los cultivos sustentables donde los pequeños y medianos productores sean los proveedores de los alimentos a los Estados provinciales y locales. ¡No hay salidas intermedias!

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