Dejó poco y nada, y si algunos esperaban la proyección de un plan hacia delante que superara lo poco logrado en estos tres años, aunque sea como forma de tapar la dura realidad, se quedaron con las ganas.
Fue un discurso pensado para la oposición, no para rendir cuentas al pueblo. Se zambulló en números y datos de perfil “apabullante” que parecía que estábamos en el mejor de los mundos, lejos, muy lejos, de la realidad de ajuste, inflación, mega ganancias monopólicas y precarización: El mundo del FMI.
El presidente vuelve a ser relator de la realidad, afirmando que “le preocupa la inflación”, llegamos al 100%, es que cuando se gobierna con el bastón de mando del FMI la constante es solo una preocupación, no medidas antiinflacionarias, aunque diga que “enfrentó al FMI”. Y no solo eso, cada vez estamos mas enredados en sus redes de una deuda impagable desde siempre.
No se trata de ser necios y negar los derechos alcanzados, sino de señalar a tres años de gobierno, el porque Juntos por el Cambio nuevamente está tan cerca de volver a ser gobierno. No subestimamos el poderío que le da representar concentradamente a los dueños del poder en el país, pero si señalar que gran parte de ese poderío no solo no lo han perdido, sino que se ha acrecentado al ritmo de las diferencias sociales y esta es una responsabilidad de los “moderados” comenzando por el presidente lo cual reivindica.
No nos confundimos que esos enemigos declarados ya se muestran sin tapujos y nos dicen sin mentirnos, que van a arrasar con todo a su paso si vuelven al gobierno, pero si solo el presidente habla de como el país ha crecido en estos años (en particular los últimos dos), es una verdad a medias, porque esconde (o se lamenta) sobre como fue la distribución de ese crecimiento, que “se la llevan cuatro vivos”, fortaleciendo así, a estos dueños del poder concentrado.
En la misma dirección, suena muy lindo hablar de la cuenca del Paraná y que “desde allí se exporta el 80% de nuestras riquezas”, pero si no se habla que se la llevan un puñado de monopolios internacionales y nacionales donde el Estado está ausente, es solo una propaganda de mal gusto. Mencionó la flota Mercante, pero omite que el Estado paga un costo adicional de 3.000 millones de dólares anuales en fletes para exportar. Tampoco se hace mención, ni se controla, la evasión que de mas de 20.000 millones de dólares anuales por esa vía como supo denunciar en su momento Alcira Argumedo. Es bueno recordar, a 77 años del triunfo de la primera presidencia del General Perón, que Argentina en 1949 llegó a tener la Flota Mercante mas grande toda América Latina con 1.198 barcos y 162 naves de ultramar. Después de 1955 comenzó el largo período de destrucción llegando hasta la actualidad donde no hay ni un barco.
Nada dijo de la energía, otro servicio publico en manos privadas donde el papel del Estado es otorgarles empresas a grupos amigos y socorrer a los vaciadores privados que la controlan como Edesur mientras colapsan las redes y los cortes de energías se multiplican en el tórrido verano con mas de 40°.
No nos confundimos donde debemos estar parados y dar la pelea para imponer otro rumbo que beneficie a las grandes mayorías y no solo contentarse con que haya pleno empleo en veintiún provincias mientras los salarios vienen perdiendo de arrastre mas del 25% que nunca se recuperó, sumado lo perdido en esta gestión, mientras seguimos corriendo atrás de la inflación y tenemos el 50% de precarización laboral.
El presidente dio ejemplos claros de lo que se logró con los fondos recaudados por el llamado “impuesto a las grandes fortunas”, mostrando una medida justa y necesaria, ¿Por qué no se continuó? ¿Cuantas cosas se podrían haber realizado con el respaldo en pesos que se le dio a los terratenientes, pooles y exportadores con el llamado “dólar soja”?. Y ahora piden mas y salen a cortar rutas, pidiendo mas asistencia del Estado por la sequía, cuando son ellos los beneficiarios del modelo agroexportador que envenena, desmonta, destruye los ecosistemas y trae las sequias o inundaciones.
Un lado fuerte muy tardío
El lado fuerte del discurso estuvo de manifiesto en el señalamiento a los “cara de piedra” de la Corte Suprema presentes en el recinto. Duras palabras de Alberto Fernández que denudó el carácter reaccionario de ese poder del Estado. Sus acolititos gritaban en su defensa desde las bancas. Desde la denuncia del intento de proscripción de Cristina, el letargo de la justicia en la investigación de su atentado, pasando por la resolución sobre la coparticipación que beneficia al gobierno de CABA en desmedro de las provincias, la vinculación de la Corte y jueces con ministros, empresarios y servicios de inteligencia, hasta mostrar las claras diferencia de este gobierno con el de Macri en cuanto a las “mesas judiciales”, infiltrados, persecuciones y operaciones de servicios contra opositores y algunos propios de aquel gobierno, dieron un pico de adrenalina al mensaje presidencial que obvio hubiera tenido mucho mas efecto junto a medidas practicas si se hubiera tenido el mismo ímpetu desde la primera Asamblea Legislativa el 1 de marzo de 2020.
En este sentido, vale recordar que Néstor Kirchner a los diez días que ganó las elecciones con el 27% de los votos, embistió contra la Corte Suprema de la llamada “servilleta” de menemismo. Mauricio Macri el 15 de diciembre de 2015 designaba por decreto a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz a la Corte Suprema de Justica para ocupar los cargos vacantes que habían dejado las renuncias de Raúl Zaffaroni y Carlos Fayt. A los pocos días, el 31 del mismo año 2015 derogaba por decreto la Ley de Medios audiovisuales. ¿Porque Alberto no hizo lo mismo que “su gran amigo Néstor”?

El juicio político por mal desempeño a la Corte Suprema corre el riego cierto de naufragar ya que la correlación de fuerzas no favorece al oficialismo y la división del bloque del Frente de Todos en el senado lo deja sin mayoría propia. Ninguna de las denuncias del presidente, ni las iniciativas como la del juicio político contó con la planificación constante de la movilización del pueblo en las calles. Las enseñanzas por estos días de la “segunda toma de Lima” en Perú con decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas venidos de todo el país, exigiendo la renuncia de Dina Boluarte, nuevas elecciones y la libertad de Pedro Castillo y demás presos políticos así como la justicia para los mas de 80 asesinados y desaparecidos es un camino que el progresismo no utiliza en nuestro país para enfrentar, desgastar y derrotar a la reacción. Las enseñanzas muestran que las acciones parlamentarias o ejecutivas muchas veces mueren en el “altar de las correlaciones de fuerzas” y es allí donde es el tiempo del pueblo en las calles.
La proscripción de Cristina
La misma acción se plantea para derrotar el intento de proscripción de Cristina Kirchner. Acción popular que debe arrancar por su decisión de aceptar ser candidata como la forma practica de enfrentar una condena inventada (aun en primera instancia), con el solo objetivo de sacar de la cancha a la única candidata que expresa la corriente mas grande en caudal de votos, junto con la convocatoria a ganar las calles de manera escalonada y permanente a la militancia y a ese extraordinario espectro de votantes populares no solo para acompañar la decisión, sino también para denunciar esta maniobra antidemocrática dando una señal de fortaleza y advertencia frente a una casi segura respuesta mas dura por parte de la mafia judicial, haciendo así realidad el canto “si la tocan a Cristina que quilombo se va a armar”.
Es necesario un frente soberano de liberación
Se impone una primera etapa que no es otra que impedir que la reacción de la derecha en cualquiera de sus versiones se imponga en las próximas elecciones presidenciales. Desafío que no depende de las fuerzas populares que integran aun el Frente de Todos, -sectores que fueron desplazados desde el inicio de esta etapa luego del triunfo en el 2019-, sino de “los que chocaron la calesita” aceptando el plan del FMI y los sectores concentrados que hoy pagamos con inflación y ajuste pero con mas dispersión y desazón de los sectores populares que ya le dieron la espalda en las legislativas del 2021. Ahora “acuden al espanto” para tratar de mantener los votos y a mas derrame para que vuelvan otros.
En este escenario, los sectores populares debemos exigir que haya PASO y se puedan proyectar candidatos y programas que les permitan a estos sectores avanzar allí donde se pueda, pero sobre todo preparar una retaguardia con programa soberano claro y con decisión de lucha para imponer el rumbo o enfrentar a esa derecha que se prepara para volver al gobierno.
Gustavo Funes




















