Emocionadas y conteniendo las lágrimas, recibieron un ensordecedor aplauso ante la mirada atónita de las autoridades. Sobre los pisos de mármol y la alfombra roja del Aula Magna del centenario Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) dependiente de la UBA, el grupo de mujeres y disidencias recién egresades acababan de leer un discurso en su acto de entrega de diplomas en que denunciaron la violencia machista ejercida y avalada contra elles. “Hay un sistema normativo imperante en este Colegio que da lugar a que asistamos a clases rodeades de carteles que predican, con total impunidad, que somos putas por disfrutar libremente de nuestra sexualidad”, expresaron. Junto con esto señalaron los constantes “comentarios sobre el largo de nuestras polleras” de parte de un regente; o el ofrecimiento de “servicio de masajes” de parte de un preceptor, que además “evalúa junto a nuestros compañeros cuál es el mejor culo del año”; o sus “besos y manoseos que nos incomodan” y que solo comentarían “entre nosotres en el baño durante el recreo”. Y la denuncia se concentró también sobre el ex vicerrector Agustín Zbar, que “golpeó a una compañera en una sentada”; y el propio rector Gustavo Zorzoli, que además “expuso ante los medios de comunicación el caso de abuso de una compañera en el contexto de una toma con el fin de deslegitimar la medida de fuerza”.
Estas denuncias no son nuevas, sino que hoy son acompañadas por la ola verde que sigue conmoviendo la sociedad. Tal es así que uno de los docentes denunciado por les egresades ya había sido denunciado hace 26 años. Se trata del profesor de matemática Jorge Blumenfarb, que hoy es vicejefe del Departamento de Matemática, docente en el Carlos Pellegrini y también en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (Fadu) de la UBA. “En aquel momento nos chocamos contra una pared”, expresó Gabriel Delisio, que terminó expulsado del Nacional Buenos Aires tras ser parte de un grupo de estudiantes que lo denunció en 1992. Gabriel hoy es docente en la Fadu y el CBC, consejero directivo y secretario adjunto de AGD-UBA. “Me emociona mucho ver a estes egresades que con gran valentía le pusieron el cuerpo a una denuncia muy profunda sobre prácticas machistas, de violencia de género y hacia las disidencias en la relación de subordinación existente entre alumnes y docentes de un colegio secundario”, escribió en su facebook ante la nueva denuncia.
Hoy, el grupo de mujeres y disidentes del turno mañana de 2016 describieron a este mismo docente como alguien que “saluda a algunas de nosotras con un beso, nos toca la cintura. A sus favoritas nos pide que seamos ‘sus secretarias’ o que le mandemos fotos de nuestras vacaciones por mail. A quienes no le agradamos nos denigra buscando complicidad con nuestros compañeros varones”. Ayer y hoy, la responsabilidad también recae sobre las autoridades que ocultaron, avalaron y dejaron correr estas situaciones. Hoy sorprende aún más lo preciso de las acusaciones hechas contra Blumenfarb hace 26 años, pero que terminaron decididamente cajoneadas.
Blumenfarb 1992
La conducta discriminatoria y sexista del docente fue descripta punto por punto a las autoridades en una nota que llevó la firma de diecisiete (17) padres y madres con fecha 1º de marzo de 1993. “Muchas veces, cuando hacía pasar a sus alumnas al pizarrón, corría el escritorio para mostrar a la clase las colas de las chicas”, escribieron en aquel momento. También mencionaron que a “una compañera, mientras resolvía su examen, la tomó de la mano y le hizo escribir ‘Dos puntos por concepto’”. Como éstos, en esa nota señalaron unos veinticinco hechos de acoso, abuso y humillación hacia las y los estudiantes. Pero para los profesores que analizaron el caso en ese momento, nada de esto estuvo comprobado y propusieron el 15 de marzo de ese año la expulsión de Delisio al entonces rector Horacio Sanguinetti, quien la firmó.
“Parece mentira que sea un calco del recorrido que hicimos varixs de mis compañeres hace 26 años”, escribió Gabriel. Contó que en 1992 habían recurrido al regente y al vicerrector porque Blumenfarb “se dedicaba a hacer lo mismo que denuncian las chicas en el video: comentarios a mujeres y varones sobre su vestimenta, atributos físicos, etc”. Pero “las personas que podían ayudarnos nos decían que nada podía hacerse. Nos deslizaron que podíamos tomar acciones por nuestra cuenta, pero no por la vía institucional”, escribió Gabriel.
Represalias
Ante el planteo realizado al regente y el vicerrector en 1992 por el grupo de estudiantes del que formaba parte Gabriel, nada pasó salvo el hecho que unos 15 o 20 estudiantes se llevaron la materia a diciembre “por haber desaprobado un examen que discrecionalmente decidió tomarnos a algunxs con una dificultad muy superior a la del resto”. Una evidente represalia por desafiar al docente.
Tras aprobar el examen, la bronca e impotencia llevó al grupo de compañeros y compañeras a tomar una acción por fuera del colegio, tal como les habían deslizado. ¿En qué consistió? En publicar un aviso clasificado en lo que era el rubro 59 de “servicios personales” (sexuales) del diario Clarín, con los datos de Blumenfarb, quién comenzó a recibir los llamados de los “clientes”. “¿Cómo fue posible que les alumnes de Blumenfarb tuviéramos su teléfono y dirección particulares? Porque se lo daba a ciertas alumnas para que fueran a su casa a retirar los exámenes”, precisó Gabriel. “A la distancia creo que no debimos hacerlo, pero en su momento, con 16 años y sin respuestas por parte de la institución, fue la única forma que encontramos para expresar el repudio a las mismas prácticas que este sujeto viene ejerciendo de forma ininterrumpida desde aquel entonces, como denuncian les chiques”, concluyó en su facebook.
La acción fue colectiva pero Delisio fue el único sancionado porque había puesto su DNI al contratar el aviso. Para los profesores que trataron el tema, “los únicos hechos comprobados” eran que “Delicio hizo publicar el aviso”. Entonces fue expulsado. A lo que se sumó un juicio civil por 30 mil dólares que Blumenfarb se cobró. Las denuncias que las madres y padres habían presentado al rector Sanguinetti jamás fueron investigadas. Este docente no sólo no fue sancionado sino que, como se comprueba, siguió teniendo las mismas conductas hacia los y las estudiantes.
“Mi expulsión tuvo como objetivo escarmentar y que del tema no se hable más. Fue un disciplinamiento cuyas consecuencias duraron todo este tiempo, produciendo un daño irreparable en alumnos y alumnas”, explicó Gabriel a Vamos!. “Yo terminé el secundario en otro colegio y mis compañeros y compañeras, a lo largo de quinto año, fueron estigmatizados como la ‘división maldita’. La Asociación de Profesores definió un ‘castigo ejemplar’, no investigó los hechos denunciados que fue expresamente solicitado por madres y padres, y se encargó de difundir su comunicado en todas las carteleras del colegio con el fin de ‘aleccionar’”, agregó.
Hoy, las mujeres y disidentes que se hicieron escuchar en el acto de graduación describieron nuevamente la impotencia que sintieron ante esta situación, que “se nos presenta inabordable desde nuestro lugar de subordinades”. Acudieron a la tutora pero… “la respuesta ante nuestro pedido de ayuda es nula: les tutores minimizan el asunto, se lavan las manos, se desligan de su responsabilidad. Nos dicen que no es posible hacer nada al respecto porque estamos denunciando a alguien que es amigo del vicerrector, Roberto Rodríguez -acusado de pedófilo-. Y es más, dicha tutora nos expone ante el mismo docente sin un mínimo de interés ante posibles represalias”.
Repercusiones
En un nuevo contexto, ante la denuncia de las graduadas 2016, la UBA ahora decidió trasladar transitoriamente al docente Blumenfarb y otras dos personas. Pero el escándalo dista de resolverse ya que, puesto los hechos sobre la mesa, cualquiera debe preguntarse: ¿qué hicieron las autoridades universitarias durante estos 26 años?
“Para mí y mis compañeros de curso, esta nueva denuncia contra Blumenfarb ha sido un nuevo shock. Teníamos toda esta historia muy guardada”, confesó Gabriel. “Publiqué mi propia experiencia, felicitando a les chiques, y comencé a recibir un sinfín de comentarios describiendo las mismas situaciones a lo largo de todos estos años. Porque son huellas imborrables para las personas que las padecieron. Recibí muchos mensajes de agradecimiento, de reconocimiento por ‘la valentía de haber hecho algo a tus 16 años’. También de espanto por lo que muchos expresan que era un ‘secreto a voces’, y es expresión del poder de encubrimiento que se cree omnipotente y eterno.”
Este año, Blumenfarb ya fue sancionado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo ante otra denuncia de una estudiante (ver aparte). Y también viene dando clases en el otro colegio dependiente de la UBA, el Carlos Pellegrini. Ahora su caso ha mostrado el avance social que ya no tolera este tipo de conductas. Pero también pone a prueba a la UBA misma.




















