Hoy 18 de septiembre se cumplen 14 años de la desaparición en democracia de Jorge Julio López, un día después de su desaparición la justicia condeno al genocida Etchecolatz a reclusión perpetua, una vez anuladas las leyes de impunidad. Las declaraciones de López en el juicio como testigo de las aberraciones mientras estuvo detenido clandestinamente habían sido claves para poder juzgar al represor.
Etchecolatz fue Director de Investigaciones de la Policía bonaerense a principios del golpe y mano derecha del entonces jefe de Policía de la provincia, Ramon Camps. En dicho cargo, coordinó los grupos de tareas y 21 centros clandestinos de detención por los cuales pasaron la mayoría de lxs desaparecidxs durante la dictadura. Fue responsable, entre los casos más emblemáticos, de la conocida como la «Noche de los Lápices».

Según la investigación, la última vez que se vio a Julio López fue cerca de la casa de Susana Gopar, una mujer que se desempeñaba dentro de la policía bonaerense en ese momento y su número telefónico figuraba dentro de la agenda de Etchecolatz. Posteriores investigaciones demostraron los vínculos entre Etchecolaz y Gopar, además de otrxs ex miembrxs de esa fuerza. Lo que muestra a las claras la vinculación entre la policía bonaerense y la desaparición en democracia de Julio López.
Vale aclarar que la Bonaerense era la encargada de la investigación y hubo denuncias a la fuerza por obstaculizarla. El presidente Néstor Kirchner en cadena nacional en 2006 culpo a grupos parapoliciales. Finalmente el caso en la justicia quedo trunco e impune por el momento y ni siquiera se logró el allanamiento a la casa de Gopar. Evidentemente la investigación estuvo rodeada de irregularidades.
En 2014 mientras Etchecolatz enfrentaba otro juicio por delitos de lesa humanidad, fue fotografiado un papel que pretendía entregar al juez en el que se alcanza a leer Jorge Julio López y secuestrado. En una muestra más de la impunidad que tenía este represor, incluso mientras estaba siendo juzgado, impunidad otorgada por su capacidad de seguir cometiendo delitos a través de sus vínculos con la policía bonaerense. Es decir impunidad que pertenece a esa policía.

Esa misma institución -la policía bonaerense- tuvo un rol fundamental en la desaparición de personas durante el golpe militar y es la misma que durante la década del 90 fue bautizada como «maldita policía» por la extensión de casos de gatillo fácil y corrupción, vinculada además al narcotráfico, en donde incluso se acusa a la policía de provocar enfrentamientos con delincuentes asesinando a sangre fría para eliminar a sus socios y testigos de sus delitos, llegando a casos extremos como fue la conocida masacre de Ramallo.
Esa misma policía es la que encabezo la represión en lo que fue la masacre de avellaneda en 2002 cuando las organizaciones sociales se movilizaban masivamente al puente Pueyrredón por aumentos para los planes sociales y comida para los comedores, en medio de la tremenda crisis económica y con el reciente estallido popular, el Argentinazo, había obligado a renunciar al ex-presidente Fernando de la Rua pocos meses antes en diciembre del 2001. Allí en el puente Pueyrredón, el ex comisario Alfredo Fanchiotti dirigió el grupo de la bonaerense que dio persecución con armas de fuego a los manifestantes y él mismo, junto con otros policías, asesinaron a Maximiliano Kosteki y Darío Santillan de 22 y 21 años respectivamente, fusilados a quema ropa.

Esa policía bonaerense que es la apuntada como responsable en los casos de desaparición forzada, tortura y posterior asesinato tanto de Luciano arruga en 2009 como de Facundo Castro recientemente, lamentables ejemplos del accionar de la policía con los jóvenes de los barrios populares.
Es decir esa policía bonaerense que desapareció personas durante el golpe del 76, es la misma policía corrupta de los 90, es la misma policía que en 2006 volvió a desaparecer -ahora en democracia- a Jorge Julio López, la misma que reprimió la protesta social con plomo en el 2002 y asesino a Kosteki y Santillan, es la misma que con impunidad detiene, desaparece y asesina a pibes como Luciano Arruga y Facundo Castro. Como también es la misma con infinidad de denuncias por integrar redes de trata de mujeres. Esa misma policía es la que hace días, recubierta de un reclamo salarial, se agolpó armada en la Quinta Presidencial de Olivos mostrando una vez más su verdadero rostro.
Por todo esto, a 14 años de la desaparición en democracia de Jorge Julio López, es fundamental avanzar en desmantelar las cuevas de la policía bonaerense, avanzar sobre su plana mayor y no darles más poder; así como denunciar y castigar a los responsables del levantamiento golpista en Olivos y profundizar la unidad para garantizar el rumbo popular y frenar a la reacción, a la que le decimos ¡NUNCA MÁS!




















