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Colectivo Paravachasca: acto en Alta Gracia

El Colectivo abrió una biblioteca y refugio cultural en Alta Gracia, Córdoba en reconocimiento a Margarita Zeniquel.

Este lugar cuyas baldosas hoy pisamos, tuvo la misión indigna de ser un centro clandestino de detención y exterminio, uno de los más de 600 que el plan sistemático de terror, implantado por la dictadura, abrió en el país. Aquí funcionó el Grupo de Artillería 141 perteneciente al Tercer Cuerpo de Ejército, que realizaba tareas de inteligencia, persecución y eliminación de detenidos-desaparecidos.

Órdenes violentas de los represores y gritos de angustia de los detenidos llenaron las paredes de estos edificios, luego se pretendió que el olvido resignificara ese pasado, negándolo y que la vida continuara sin hacerse preguntas. Al horror, le sucedió el vacío.

Pero, ¿Cómo negar lo indigno e inhumano que aquí había sucedido? Al mismo tiempo, ¿Cómo dar otro significado que si negar la aniquilación, la tortura y la muerte, permitiera sembrar nuevas esperanzas? Tal vez una respuesta sea con palabras, como dice
Daniel Moyano: “Las palabras sacan a las cosas del olvido y las ponen en el tiempo, sin ellas desaparecerían”. Las palabras de les sobrevivientes, permitieron reconocer este sitio de muerte y destrucción como lo que fue y esas palabras también habilitaron
el trabajo colectivo para transformar este lugar.

Fueron las acciones y las palabras puestas a andar, las que sacaron
las cosas del olvido, rescataron las memorias y le asignaron no sólo un nombre sino una misión esperanzadora, para llamarlo Refugio Libertad.

Las palabras nos permiten conocer que a este sitio el mismo 24 de
marzo de 1976, trajeron detenida con su pequeño hijo de cuarenta días a nuestra compañera del Colectivo Paravachasca por la Memoria, Margarita Zeniquel, la querida Marga.

Desde que la conocemos, su palabra certera y amorosa y su lucha han estado sacando las cosas del olvido para ponerlas en el tiempo, una y otra vez, marchando incansable por las calles de la “ciudad del no me acuerdo y del algo habrán hecho”, dando testimonio, haciendo
docencia y escuchando, siempre.

Margarita trabajaba como enfermera en el Policlínico Ferroviario de Alta Gracia y aunque buscaban a su compañero, la arrebataron por primera vez de su casa de la calle Dalinger al 374. Primero
fue la comisaría local, después pasó por este Grupo de artillería, luego por el Comando del Tercer Cuerpo donde la tuvieron aterrorizada con su niñito frente a simulacros de fusilamiento. Su otro destino fuela cárcel del Buen Pastor. Dos meses estuvo presa
ahí con su bebé.

Estaban ensañados y a poco más de un año, el 26 de julio de 1977 a las dos de la madrugada,
una patota de civiles armados llegó a la casa de Avenida del Libertador 1159 y esa vez también detuvieron a Sara, su suegra y las llevaron primero al Campo de la
Rivera y después a la Unidad Penitenciaria Nº 1 de Córdoba. La dictadura también tenía como objetivo el aniquilamiento de familias enteras. Estas también fueron y son palabras: plan sistemático, enemigo interno, aniquilación, tortura y horror, pero también
lo son: desaparecidos, presos y presas políticos, resistencias, luchas, memorias, sobrevivientes.

Las cosas por su nombre, palabras para resignificar los espacios
y que se vuelvan pueblo.

Marga compañera querida, a cuarenta y siete años de aquel tiempo
en el que quisieron silenciarte junto a otras tantas miles de voces, este Colectivo al que siempre abrazaste y que te abraza, celebra que esta Biblioteca y refugio cultural nos ayuden a alimentar esperanzas, se transformen en un espacio pleno de vida, y se
llame Margarita Zeniquel

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