Con FMI, 6% (98,8%) de inflación, super ganancias para monopolios terratenientes y bancos, + precarización laboral, aumentos de alimentos y servicios, recorte de planes sociales…
La relación de la Deuda respecto al PBI (Producto Bruto Interno), saltó del 56% al 85%. La relación de la Deuda respecto las reservas saltó del 235% al 245%. (datos de la Auditoria General de la Nación) el mismo organismo que elaboró el informe ratificando la ilegalidad del acuerdo tomado por Juntos por el Cambio con el FMI.
Al reconocerse por parte de sectores del oficialismo del frente de Todos esa deuda odiosa e impagable, se aceptó hipotecar el país, su crecimiento y ajustes sobre la economía cotidiana así como a largo plazo. Los vencimientos e intereses que se debe pagar solo se podrán hacer renegociando la deuda lo que implica nuevos acuerdos leoninos por lo que seguirá sangrando el país y el pueblo. (Ver Sobre el informe de la AGN…)

Este cepo al crecimiento y al bolsillo de las familias argentinas se expresa en el plan económico inflacionario y altamente dependiente, lo que hace que toda medida antiinflacionaria sean parches que siempre se caen porque para que pueda cumplirse el Estado debe tener el control de la economía y los resortes fundamentales como los alimentos, la energía, la banca y control de cambio, así como las exportaciones. Pero nada de esto ocurre por lo que se vuelve a empezar cada ciclo de la política, sin modificar las bases de fondo.
No hay políticas soberanas y se mantiene la estructura agroexportadora contaminante y altamente dependiente de la división internacional que imponen las metrópolis imperialistas.
El mes pasado desde el ejecutivo se celebraba una “tendencia a la baja” de la inflación, pero eso volvió a cambiar con los resultados de enero donde trepó al 6% y 98,8% anual. Y así será porque el Estado no maneja la producción, el transporte y la comercialización de los productos. No existe como en Bolivia una Empresa Estatal de Alimentos (EMAPA) en acuerdo con los pequeños productores y la economía popular donde el Estado regula y establece acuerdos de lo que se siembra, a la ves que compra o subsidia una parte y también tienen una cadena de comercialización en todo el país, permitiendo que los alimentos no superen ciertos precios máximos. Lo mismo sucede con la energía que está en manos del Estado. Algún necio pondrá en duda de que esto no tiene que ver con los índices magros de inflación que ese hermano país maneja donde los proyectados arrojan para todo el año 2023 arroja un 3,1% (siendo aún un numero alto en el registro de los últimos años).
Pero la realidad es que los monopolios vinculados a la alimentación y demás industriales han superado las expectativas de la capacidad productiva instalada que ya arrima al 70%, mostrando un índice altísimo de ocupación de mano de obra y este es el factor, a diferencia del gobierno de Juntos por el Cambio, de que no haya un estallido social ya que si bien hay mayores niveles de inflación respecto de aquel gobierno, en este período crece el PBI, cosa que antes también caía estrepitosamente.
La mayoría de las provincias registra índices altísimos de empleo, pero aquí aparece el factor central para el pueblo como son las condiciones de trabajo sumado a la inflación. La elevada precarización y el fenómeno de trabajadores con salarios de pobreza muestra una realidad que de acuerdo al informe sobre la cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra elaborado por Indec, la distribución del ingreso en Argentina, para el tercer trimestre del año pasado, se compone por una marcada desigualdad de las remuneraciones en la distribución del ingreso total, donde los trabajadores reciben el 34% en el sector privado, los autónomos/monotributistas el 13% y los empresarios el 53% de lo generado en el país. En ramas del sector industrial el rango trepa alrededor de un 46%, mientras que en el sector agropecuario es de un 9%.
En el tercer trimestre de 2022, la remuneración al trabajo asalariado aumentó 84,6% respecto al mismo período de 2021, pero quedó a varios puntos por debajo de la inflación, sin sumar lo que se viene perdiendo de arrastre cercano al 28%. Por estas razones, en términos del valor agregado bruto (VAB) medido a precios básicos en términos generales, su participación representó un 42%, y registró un descenso de mas de 0,25 puntos porcentuales (p.p.) respecto del tercer trimestre del 2021.
Estas cuentas solo sirven para poder ingresar en el análisis del día a día, contrapuestos a aquellos objetivos como que “los salarios le ganen a la inflación”, ya que son efímeros o engañosos y no se tiene en cuenta que estos llegan a mes vencido cuando ya ocurrieron los aumentos en los productos, por lo tanto siempre van a correr por detrás de la inflación.
Los “controles de precios” han fracasado ya que la cadena monopólica que controla los alimentos desafía al gobierno sabiendo que lo máximo que aplicarán serán multas absorbidas inmediatamente con sus mega ganancias.
Según el INDEC, el empleo creció en un 5,8% alcanzando los 21.499.000 puestos de trabajo. Los asalariados explican el 75% del total contabilizando 16.209.000 de personas entre los cuales el 67% se encuentran registrados y el 32% restante se emplea fuera de los marcos legales. Esta última categoría de asalariados es la modalidad que más crecimiento experimentó con un 13% interanual, empleando más de 5 millones de personas para el tercer trimestre del año que terminó.

A la par se evidencia que los niveles de pobreza no han disminuido, manteniendo los niveles cercanos al 40%. Fenómeno que golpea en particular a los menores de edad que superan el 55%. El acuerdo con el FMI golpea duramente en este cordón débil de la sociedad. El ejecutivo ejecuta las medidas como las que acaba de hacer con el recorte de mas de 100.000 programas sociales, mientras como bien afirma el dirigente peronista Gabriel Mariotto de Soberanxs, “el Gobierno paga por intereses Leliq 730.000 millones de pesos a los Bancos y por planes sociales 180.000 millones de pesos a la ciudadanía. Los Bancos fugan! Lxs desocupadxs van al almacén. Entonces… ¿Cual es el verdadero problema?”.
Con la unidad no alcanza
La reunión del Frente de Todos fue un inicio de una necesaria unidad frente a una derecha neoliberal y fascista que no perdió poder por mas que se saquen los ojos en la interna. Una oposición que trae como novedad que ya no miente como en el 2015 en las medidas retrogradas que aplicará si llega al gobierno y así y todo, como la inflación no deja de crecer y golpea las expectativas de grandes sectores populares, captan ese descontento.
El efecto Massa logró evitar la devaluación desbocada, pero la forma fue aplicar devaluaciones sectoriales como el dólar soja u otras similares alimentando el festival de bonos como las leliq donde los bancos y entidades financieras ganan fortunas. Esto sumando las líneas de créditos y otras ayudas a los sectores concentrados. Esta es la razón fundamental del porque fueron estos sectores los que frenaron la “operación bomba” impulsada desde sectores de Juntos por el Cambio con el claro objetivo de impulsar la corrida del dólar para forzar una mega devaluación que llevaría a un estallido en la economía. Mostrando una de las cartas de sectores del poder concentrado que acuerdan con Massa en economía y lo querrían para presidente.
Pero volviendo a la reunión del Frente de Todos, se discuten candidaturas, entre ellas la principal en relación a que Cristina pueda desafiar a la justicia y enfrentar las maniobras antidemocráticas de proscribirla presentándose como candidata a presidenta uniendo así a la diversidad de expresiones en el frente.
Pero si aún se lograra su candidatura, no alcanza. Si no alcanzó solo con Cristina en el 2019 siendo opositores, esta vez se evaluará la gestión y estamos en serios problemas. Hoy la unidad es a base “del espanto” frente a una derecha que en su diversidad se impondrá en el ballotage, sabiendo incluso que así encabece Cristina, se desatará una gran ofensiva de provocaciones y maniobras desestabilizadoras para impedir que se traccione a sectores que otros candidatos no logran hacer. Los días por venir serán decisivos, ya que hay varios anotados incluso el dubitativo Alberto Fernández y el “negador” Sergio Massa. El “operativo clamor” por Cristina está empezando a calentar motores.
Pero mas allá de todo este juego de figuras, lo que no se discute es el rumbo económico y social, y justamente allí radica el problema del Frente de Todos, ya que para “ser competitivos”, el programa del FMI no suele ganar elecciones como muestran otras experiencias en la región y el mundo, y menos con una escalada inflacionaria con aumentos que golpean los bolsillos.
Sin modificar el rumbo, seguro habrá mas derrame a los sectores populares en el año electoral, que se deberá aprovechar para pechar en las calles por las urgencias, trabajo, alimentos o caída de planes como lo hacen las organizaciones sociales o los trabajadores del sindicato de televisión que luchan por salarios enfrentando a los monopolios de la comunicación, luchas necesarias mientras se impide en las elecciones que vuelva la derecha sanguinaria que arrasará con lo poco que queda.
Mientras se sostiene esta disyuntiva, es fundamental que los sectores populares, democráticos y antimperialistas levantemos de manera unitaria un programa que nos posicione en dos escenarios posibles: uno si logra reelegir el Frente de Todos para pechar desde el inicio por un rumbo popular con medidas soberanas; y otro si gana la derecha reaccionaria y neoliberal, acorralándola de entrada como hace el valeroso pueblo peruano con paros y lucha en las calles y rutas.





















