El manejo de las vacunas y la guerra que estalló muestra que si bien hay mecanismos y actos que son legales, también son inmorales. Así lo fue la esclavitud y otros acontecimientos que marcaron relaciones sociales en el mundo.
Lo que estamos observando con el manejo de las vacunas, muestra el estado putrefacto del sistema capitalista-imperialista, controlado por los Estados y monopolios de las metrópolis imperialistas, donde la salud es una mercancía más para sacar las mega ganancias de quienes se benefician con la desgracia de miles de millones de seres humanos.
Sólo 10 países controlan el 90% de las vacunas en el planeta. De esta manera, los países dependientes pagamos ya que esas metrópolis se garantizan primero las partidas ubicándonos en listas de espera, o en el mejor de los casos si pagamos más llegan las partidas más rápido, o si accedemos a algún acuerdo leonino que dañe nuestra soberanía, como la base militar china, su entrada en Vaca Muerta o la construcción de represas llave en mano o la que ya acordaron Alberto Fernández y Putin sobre la construcción de estaciones terrestres del sistema de posicionamiento global GLonass (la tecnología que usan los GPS rusos), y una instalación óptico-electrónica de alerta sobre situaciones peligrosas en el espacio circunterrestre, tendremos algunos privilegios que otros países no tienen.
La dependencia es una pandemia que se puede extender o se puede combatir hasta derrotarla. La forma es declarar de bien público las vacunas contra el Covid-19 y poner en marcha la fabricación a corto, mediano y largo plazo de las vacunas. Tenemos la tecnología y la capacidad humana para llevarlo adelante, si no se pretendiera pagar una deuda odiosa e ilegítima con el FMI habría recursos de sobra para esta y otras proezas soberanas en una planificación en los próximos 10 o 15 años.
Las trabas que están presentes grafican claramente la pandemia de la dependencia, así podemos ver con la fabricación de la vacuna AstraZeneca en sociedad con México. Argentina fabrica el principio reactivo de la vacuna y México la envasa, pero los acuerdos de quienes la financian (Sigman en Argentina y Slim en México) imponen sus condiciones. Lo que se fabrica se exporta a México para el envasado y de allí su distribución. En los últimos días se trabó la producción porque los EEUU, en plena guerra por las vacunas, ha condicionado y trabado la fabricación. Ya que son ellos los que proveen de los filtros necesarios para terminar el proceso. Conclusión, en plena pandemia, Argentina es parte de la fabricación de vacunas pero las exporta, mientras tanto compra a Rusia, China o Inglaterra. Es emocionante ver los vuelos de Aerolíneas Argentinas traer las vacunas al país, pero es necesario avanzar en la épica de ver la industrialización propia de las vacunas en el país. De esta manera combatiremos al virus y la pandemia de la dependencia.
LEGAL PERO INMORAL
De los 200 países en el mundo sólo 80 están vacunando. Naciones Unidas calcula que apenas el 3% de los africanos estará vacunado en marzo y tan sólo un 20% a finales de año. Según datos de principio de febrero, de los 53 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus administradas hasta ahora; más de 22 millones de dosis se habían administrado en Asia, 17 millones en América del Norte, 13 millones en Europa, 330.000 en países de América Central y del Sur y 7.000 en África. El diario The Economist (Reino Unido), reveló que es posible que 84 países pobres no tengan un acceso generalizado a las vacunas sino hasta el 2024.
Ahora, desde mediados de febrero se han acrecentado la llegada de vacunas a Latinoamérica, principalmente desde el Fondo COVAX (OMS y y la china Sinopharm).
Podemos hablar y repudiar a los ventajeros inmorales que se vacunan sin ser de riesgo, dejando atrás a mayores de ochenta y personal esencial, pero no podemos dejar de ver y de denunciar este atropello brutal por parte de los laboratorios monopólicos que hacen y deshacen de manera inmoral en materia de salud.
El gobierno argentino se movió rápido y logró los primeros envíos y su continuidad con la Sputnik V y la Sinopharm, pero lamentablemente países como el nuestro deben estar día a día esperando que no se corte la provisión de vacunas por parte de los laboratorios monopólicos. Al no controlar la producción propia, nadie puede asegurar nada en el futuro.
Sin dudas una de las exigencias básicas y humanitaria en una pandemia es que se eliminen las patentes para que la fabricación de vacunas, diagnósticos y medicamentos lleguen a todas las personas.
La reacción en el país se encargó de mostrar sus vísceras más putrefactas montando una campaña desde los medios, con Clarín a la cabeza, para hacer que fracasara la compra de la Sputnik V y la campaña de vacunación. Cuando fracasaron en el intento de impedir que llegaran las dosis, ahora tratan de montar otra campaña poniendo el centro en que no llegan las vacunas, despliegan un plan sistemático para endilgarle el fracaso al gobierno, pero volvieron a fracasar.
A la vez, es importante registrar, que instalaron en una parte de la población la nefasta idea de subestimar la vacunación. Sin dudas debemos ayudar a sumar al pueblo a los registros para vacunarse como la manera práctica de luchar por la salud y contra la reacción en el terreno político.




















