Las últimas medidas sobre el mercado cambiario, específicamente sobre el dólar y otras monedas extranjeras, llevadas a cabo por el Gobierno de Alberto Fernández, muestran la extrema dependencia que desde hace muchos años padece nuestra economía. Dependencia que ha impedido, al día de hoy, presentar al Gobierno un plan serio y popular de crecimiento productivo y público.
Tan delicada es la situación dejada por las políticas del gobierno macrista, que el mismo Mauricio Macri ya había fijado el «cepo» de U$S 200 dólares en septiembre del 2019. A este cepo el gobierno actual le agregó el impuesto país como otro intento de frenar el drenaje de las reservas.
Sin embargo el gobierno no pudo frenar la compra de dólares por varios motivos. Desde el punto de vista de lxs trabajadores, profesionales y comerciantes, lo principal es que por las políticas inflacionarias que nos acompañan desde hace muchos años, los mecanismos de ahorro alternativos a la tenencia de dólares son ineficientes y se termina perdiendo frente a la inflación y las devaluaciones, sin mencionar el miedo a un «corralito». Durante la pandemia, se sumó otro formato usado comúnmente por especuladores pero que se generalizó. Producto de las rebajas salariales pautadas y la falta de paritarias que garanticen aumentos salariales, muchxs trabajadores recurrieron por la brecha del 30% entre el dólar ahorro y el «Blue», a la venta de esos dólares comprados en el sistema bancario en el mercado paralelo. Esto permitió a muchxs poder recuperar un poco del 25% de descuento en el salario y «ayudó» a lxs trabajadorxs monotributistas que tenían su capacidad de trabajo disminuida o anulada.
Mientras se discute en los medios de comunicación si no debió implementar un freno real al asumir el Gobierno, estas medidas intermedias -ya conocidas- nos ponen peligrosamente al borde de una devaluación y crea zozobra en el pueblo en medio de la situación de pandemia.
El Ministro de Economía Guzmán dijo que con estas medidas apuntan a terminar con la brecha en los valores de los diferentes colores que toma el dólar. El problema es que nivelan para arriba, llevando con impuestos al dólar oficial de $80 a $132, fijándolo alrededor del «Blue», lo que aparece como una devaluación encubierta, ya que como el pueblo conoce el que rige los precios es el paralelo, que subió al otro día casi un 15%. Suba que sentiremos en los precios en estos días venideros.
La falta de liquidación de divisas por parte de lxs exportadores, que especulan con el precio del dólar, los pagos que sumaron U$S 4500 millones de la deuda externa macrista y los manejos especulativos de empresas que se endeudan en el exterior son los principales motivos por la disminución enorme de las reservas del Banco Central en lo que va del 2020. Las medidas actuales del Gobierno avanzan contra de la especulación empresarial, limitando la cantidad de dólares que pueden usar para pagar sus deudas en el exterior, obligando a renegociar.
La compra limitada para ahorro por parte de la clase media y lxs trabajadores nunca representó el problema central de la falta de dólares. Este mecanismo de control sin brindar herramientas serias de ahorro en nuestra moneda, termina castigando a lxs sectores que intentan juntar -con el único medio fiable de ahorro, instalado como cultural- para arreglar su casa, a veces solo para alquilar vivienda o cualquier bien o servicio que se necesite, mientras que lxs que fugaron decenas de miles de millones de dólares en la era Macri no son investigadxs y menos castigadxs.
La matriz productiva Argentina, basada en la exportación de cereales, el extractivismo extranjero contaminante y en el tremendo endeudamiento externo es lo que remacha la dependencia del imperialismo y avanza generando el hambre del pueblo.
La investigación realizada para confeccionar las diferentes propuestas de ley sobre el muy demorado impuesto a las grandes fortunas, muestra que un puñado de poco más de 12 mil personas tienen una fortuna personal similar al producto bruto de los 47 millones de argentinos en un año. Esa desigualdad no se construye de un día para el otro, es intrínseca a esa matriz productiva construida a partir del golpe de 1955 y los sucesivos golpes y gobiernos reaccionarios, que no cortaron la cadena de la dependencia. El impuesto a las grandes fortunas debe aprobarse e implementarse con urgencia.
Con la derrota de Macri en 2019, asumió un gobierno salido de una coalición popular heterogénea -el Frente de Todxs- que tiene el apoyo popular para llevar a cabo medidas que apunten a cambiar la matriz productiva, imponiendo el control de exportaciones agropecuarias e industriales, hoy en manos de monopolios extranjeros, que investigue como el litio -que necesita el mundo- enriquece sin contaminar al NOA y a la nación, que expropie definitivamente a Vicentin para controlar la producción de alimentos para terminar con el hambre y un plan de creación y fortalecimiento de la industria nacional que termine con la desocupación y fortalezca la soberanía en recursos esenciales para el pueblo.
Para esto hay que prepararse y organizarse, combatiendo los embates destituyentes de la reacción alimentada por Juntos por el Cambio.




















