Los que están ahí, firmes, mientras nosotros y nosotras estamos, con cierto privilegio, haciendo la cuarentena, en nuestras casas.
Los invisibles, los de siempre ¿No? Los que tienen que seguir moviendo el mundo, aunque este detenido, porque la necesidad no conoce la espera, mucho menos la cuarentena.
¿Quien se acuerda de aquellos que tienen que seguir produciendo alimentos a raja tabla, y con sueldos de hambre, por cierto?
¿Quién se acuerda de los recolectores de residuos?¿De los Choferes de ómnibus?¿De los y las trabajadores que hacen delivery, con estas empresas fantasmas, ultra precarizados por las calles? Nadie, o más bien, poquitos. ¿Quien se acuerda de los que tienen que garantizar que siga funcionando la energía?
¿Quién se acuerda de los y las comerciantes que nos aseguran las necesidades básicas?
¿Y, de la gente de la calle, quien se acuerda? Esos si que son invisibles, incluso antes de la pandemia. Me remoto a una estrofa que escribí hace unos días…
Parece una paradoja, pensando en el aislamiento, si ya venimos alejados de todo momento.
¿Quién se acuerda de aquellas madres solteras que tienen que salir a laburar igual, y tienen que dejar a sus hijos e hijas con alguien?¿Y, si no les alcanza el dinero?¿A que recurren? A algún familiar, supongo. Pero imagino peores casos, es decir aquellas mujeres que tienen que hacer cuarentena con sus agresores al lado. Terrible…
¿Quién se acuerda de los y las trabajadores de la salud? Los aplausos son hermosos, y llegan hondo, de algún modo son una caricia, pero hace falta reconocimiento político, social, y sobre todo, económico.
Anoche leía una noticia de una empresa de salud. Esta, saco un comunicado diciendo que no pagara la licencia a sus trabajadores, es decir, principalmente Médicos/as y Enfermeros/as. Las empresas no están dispuestas a perder dinero, como habitualmente sucede. La frivolidad no conoce la glándula de los escrúpulos, como bien decía Eduardo Galeano.
¡No nos olvidemos del personal de seguridad, de limpieza, de mantenimiento! Carajo, sin ellos y ellas no existiría todo lo demás.
Cada uno de nosotros no vale nada sin la otra parte, así es el movimiento, ese movimiento que mueven los invisibles.
Por último ¿Quién se acuerda de los maestros y maestras que aún tienen que mantener los planes de estudios desde sus hogares? y que por cierto, también son negados al reconocimiento social y económico por los gobiernos todos.
En fin, seguramente me olvide de más ejemplos, no quiero dejar a nadie afuera, pero sepan que están allí, trabajando mientras nosotros tenemos el privilegio de la cuarentena.
En conclusión, este bichito despertara, inevitablemente, el bichito de los cuestionamientos a un sistema que excluye, que no tiene en cuenta a los invisibles-
¿Se imaginan, si por ejemplo hubieran jardines maternales en las empresas, hospitales y escuelas? Esa madre soltera tendría más libertad en caso de no tener dinero, pero supongamos que gana lo que corresponde, igual seria lo justo. Y así hay miles de cosas que podrían cambiar. Gracias al bichito del cuestionarnos todo esto. Digo, la pandemia anterior, la que ignora a los invisibles por los siglos de los siglos.
LOS NADIES. Eduardo Galeano.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.




















