Rafael Amor le cantaba a la igualdad y era un puño levantado contra la opresión.
Cantor y escritor, falleció imprevistamente ayer en Buenos Aires, a los 71 años.
Las canciones de Amor integran buena parte del repertorio de artistas populares iberoamericanos que interpretaron y grabaron sus canciones, artistas como José Larralde, Alberto Cortez, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Los Cuatro de Córdoba, Cantoral, Xavier Labandera y Los Sabandeños.
Una de sus composiciones más conocidas, “No me llames extranjero”, y la transformó en el himno de los emigrantes por el mundo. El propio autor padeció en carne propia el exilio, cuando joven debió radicarse en España, donde se hizo conocido desde mediados de la década del 70 al regreso de la democracia. Animador de peñas y locales madrileños, fue uno de referentes de los movimientos en respaldo de los derechos humanos avasallados por las dictaduras militares latinoamericanas con sus temas de protesta política, denuncia social y profundo humanismo.
«Rafael Amor es la expresión temperamental y emotiva de un genuino juglar contemporáneo», dijo en su momento el cantautor Julio Lacarra, destacando su importancia dentro de la música argentina.
Había nacido el 5 de noviembre de 1948 en el barrio de Belgrano, hijo del cantor Francisco Amor, famoso por haber actuado con la orquesta de Francisco Canaro, y de María Toraño, una artesana bordadora, lo que le permitió criarse en el seno de una familia creativa.
En 1966 conoció a Carlos Gándara, Nestor Vilardell y Edgardo Parrondo, con quienes formó el conjunto folclórico Los Norteños, con el que comenzó a recorrer las peñas de Buenos Aires y sus alrededores; cantó en festivales y se presentó junto a reconocidos cantantes, aunque en 1974 se mudó a Madrid, donde forjó el resto de su prolífica trayectoria.
Su primer disco registrado en España fue “No me llames extranjero”, nombre de la canción que se transformó en un himno de los emigrantes sudamericanos en la península, y a la distancia continuó acompañando la situación política que se vivía en Argentina grabando “La madre de Plaza de Mayo” en 1983.
En los 90 volvió a presentarse en la Argentina y en festivales del continente y desde entonces alternó sus residencia entre ambos países.
Entre su amplia obra se reconocen títulos como «Independencia», «Corazón libre», «Fuentealba» y «Olor a goma quemada».




















