Elecciones presidenciales en Brasil

El domingo 2 de Octubre se llevará a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. Lula es favorito desde que lanzó su candidatura y llega cada vez más cerca de ganar en esta primera ronda y poner fin al bolsonarismo. Según el Instituto Datafolha, Luiz Inácio Lula da Silva tiene 47% de las intenciones de voto frente a 33% de Bolsonaro. Para que la victoria en primera ronda suceda se debe alcanzar, por lo menos,  el 50,1 % de los votos. Es importante, para este cálculo, el dato de que en Brasil los votos en blanco o impugnados no forman parte del total sobre el que se establecen los porcentajes de los candidatos, esto lo acerca más Lula al 50%. 

Encuesta anterior a la última lanzada por Datafolha, donde Lula estaba como favorito

La campaña de Lula giró en torno a la situación del hambre en Brasil que se agravó notoriamente. Son alrededor de 33 millones los brasileños y brasileñas que no tienen para comer, 14 millones más que los que había en 2020, de acuerdo a un relevamiento realizado entre noviembre de 2021 y abril de 2022 por la Red Brasileña de Pesquisa en Soberanía y Seguridad Alimentaria (PENSSAN).  En un país que arrastra ese problema desde siempre, la desigualdad se agudizó todavía más luego de la pandemia. Lula hace hincapié en esta situación muy desfavorable del pueblo también porque fue una de las banderas de su Gobierno, donde tuvo lugar el denominado «Proyecto Hambre Cero: Una propuesta de política de seguridad alimentaria para el Brasil», puesto en práctica desde la victoria electoral en el año 2003.  Así, el gobierno del PT logró ser uno de los gobiernos con mayor inclusión social de Brasil, aunque sin alcanzar, por supuesto, el hambre cero.

Lula estará acompañado en la boleta por el exgobernador de São Paulo e histórico rival político del PT, Geraldo Alckmin. Esta es una concesión que tuvo que hacer el líder del PT, y habrá que ver de qué manera se materializa durante su gobierno en términos de limitaciones para tomar medidas de fondo.

Jair Bolsonaro irá acompañado por su ex ministro de seguridad, Walter Souza Braga Netto, quien ni bien asumió el cargo en la cartera de seguridad afirmó que el golpe de Estado -que el 31 de marzo de 1964 instauró una dictadura militar- debe ser «celebrado» como un «movimiento» que permitió «pacificar al país».

Los candidatos minoritarios son Ciro Gomes (ex integrante del primer y segundo mandato del gobierno de Lula), del Partido Democrático Laborista y Simote Tebete, del Movimiento Democrático.

Violencia política y rol activo de la embajada.

El jueves fue el último debate antes de las elecciones. Hubo fuertes cruces de tipo personales entre los dos principales candidatos, por el lado de Bolsonaro las textuales que trascendieron fueron las de definir a su rival como “mentiroso, ex preso y traidor”. Mientras que Lula acusó de “mentiroso y corrupto” a Bolsonaro.

La violencia del debate también se viene expresando en la militancia pero de una manera mucho más cruda. En Fortaleza, un hombre acuchilló a un votante de Lula. En Bahía, un pibe de 14 años autodenominado nazi en sus redes sociales  gatilló a un compañero de escuela en silla de ruedas. Y un trabajador rural asesinó a hachazos a un compañero de trabajo también militante de Lula. Estos casos se suman al del policía bolsonarista que irrumpió en un cumpleaños de un dirigente del PT a los tiros causando la muerte de uno de los invitados. Por estos eventos y por las características que tuvo todo el gobierno de Bolsonaro. Así se fueron sucediendo una serie de ataques entre militantes, principalmente de militantes oficialistas hacia militantes del PT, hasta tal punto que la Corte Suprema de Justica determinó prohibir la portación de armas desde 48 Hs. Antes de los comicios.

Se suma a este clima violento la sospecha sobre si Bolsonaro reconocerá la victoria de Lula. Pregunta que le fue hecha por la candidata Simote Tebete expresamente sin obtener respuesta alguna. 

Al respecto cabe hacer un repaso ya que hace tiempo Bolsonaro viene flameando la misma bandera de las elecciones que finalmente ganó en 2018: la del fraude. Con esa excusa, en 2021 Jair Bolsonaro envió un proyecto al congreso para terminar con el voto electrónico, al que definió de fraudulento (a pesar de haber ganado elecciones bajo ese sistema), y volver a la vieja boleta papel. Hay que aclarar que en Brasil el voto electrónico se utiliza desde 1996. Ese proyecto finalmente, a comienzos de agosto, fue rechazado en la Cámara de Diputados de Brasil con participación del bloque oficialista. Pero el detalle es que mientras los diputados votaban en el recinto, en la calle frente al congreso, Bolsonaro presidía junto a los comandantes del Ejército, la Marina, la Aeronáutica y algunos ministros, un desfile de tanques militares. Un mensaje claro.

En agosto de 2021 Jake Sullivan, Asesor de Seguridad Nacional del gobierno estadounidense, y persona de confianza de Joe Biden, inició una gira latinoamericana. Tras su paso por Brasilia, los trascendidos fueron que le planteó a Bolsonaro la necesidad de reconocer una derrota electoral, en caso de que se produzca, y que deje de insistir con las sospechas al sistema electoral. De por sí, el actual presidente de Brasil no es un personaje grato para el partido Demócrata, el cual integra Biden, ya que Bolsonaro se identifica fuertemente con el ala Republicana, sobre todo en la figura de Donald Trump. Tal es así que cuando Biden ganó las elecciones presidenciales –las cuales estuvieron también puestas muy en duda por su rival Trump- el mandatario brasileño tardó casi un mes en reconocer la victoria del actual presidente norteamericano.

“Estados Unidos está preocupado, quiere reconocer el resultado el primer día”, fue la textual que dejó Lula en un acto de campaña del 27 de septiembre. También trascendió una reunión que tuvo el candidato en la sede paulista de uno de sus institutos con  Douglas Koneff, encargado de negocios del gobierno de EE.UU en Brasil. Está claro que Lula tiene una postura más amigable con el partido Demócrata, partido que el mes que viene definirá su futuro en la presidencia luego de las elecciones de medio término que podrían dejarlo, en caso de una derrota contundente, en un virtual desgobierno con el Congreso con mayoría republicana.

Una victoria en primera vuelta de Lula terminaría de consolidar el regreso de los gobiernos populares en Latinoamérica, dando la posibilidad a una nueva etapa de disputa contra las derechas que sigan arremetiendo contra el pueblo, y también para recuperar el terreno perdido tras la pandemia y la fuerte desigualdad que trajo aparejada.

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