Brasil: triunfo de Lula

Ganó Lula pero hay segunda vuelta

Lula ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas por 48.4% frente al 43.2% de Jair Bolsonaro. La diferencia conseguida es de más de 6 millones de votos. Este gran resultado se vio opacado por la expectativa generada con las encuestas que circularon los días previos donde se aseguraba que Lula ganaba en primera vuelta.

El resultado se magnifica si tomamos la carrera de Lula para esta nueva elección, donde pasó de estar proscripto, condenado por el Juez Moro con una pena de prisión efectiva por dos años, encarcelado que además le trajo fuertes pérdidas a nivel personal con la muerte de su esposa y nieta sin que pudiera verlas. Sin dudas se puede decir que el resultado de la primera vuelta es un triunfo sobre Lawfare, y sobre un oficialismo que ha consolidado una corriente de derecha y que siempre tiene mayores responsabilidades de ganar y ser reelecto.

En comparación de sus elecciones anteriores, solo en 2006 obtuvo un porcentaje mayor de votos en primera vuelta. También es cierto que Lula tuvo que hacer grandes concesiones, empezando por el vice, un opositor por derecha al PT. De hecho, la alianza de gobierno que encabeza Lula es muy variopinta. Pareciera ser un gobierno de transición, cuyo principal objetivo es vencer al bolsonarismo. 

La presión en la segunda etapa de la elección y en un posible nuevo mandato, será hacia mayores condiciones a los sectores de derecha o centro que anidan en los más de 13 millones de electores que estarán en disputa. En particular al electorado expresado en la candidata Simone Tebet del MDB, el partido de Michel Temer (aquel que fuera vice de Dilma Rousseff y que luego impulso el golpe institucional a la expresidenta). 

También Lula, si logra acceder al gobierno, tendrá un parlamento y el control de los principales estados en manos de la oposición. Esta es una característica en la región, donde se imponen alianzas heterogéneas, débiles, donde muchas tienen una fecha de caducidad al quedar “atrapados” en las concesiones a los “dueños de poder” que chantajean parados arriba de las palancas económicas de la justicia y la política y muchas veces imponen un plan económico de ajuste sobre los sectores populares. 

Esta realidad muestra una radicalización del electorado entre quienes esperan medidas soberanas luego de venir perdiendo tanto tiempo, y quienes se consolidan en posiciones de derecha más o menos extremas o fascistas que levantan programas de libre mercado y autoritarios con expresiones en el propio Bolsonaro.

En el caso del triunfo del PT, se abrirá una etapa de profundo debate en cuanto al papel que deben jugar los sectores populares que han transitado una experiencia anterior con Lula y Dilma, si el camino es la llamada “avenida del medio” con concesiones a los “dueños del poder” o en primer lugar emprender un rumbo que comience por empoderar a un pueblo sumido en la pobreza donde el 5% más rico concentra las riquezas sobre el 95% de la población.  

Seguramente el punto más flojo de la elección de Lula sea San Pablo, donde el ex candidato a presidente, Fernando Haddad, perdió por 7% de los votos, lo mismo que el triunfo del candidato bolsonarista en Minas Gerais. Estos resultados, según analistas locales dan cuenta de una creciente desindustrialización de la región, cediendo frente al avance de la frontera de los agronegocios.

Bolsonaro, por su parte, logró una elección mucho mejor de la esperada. No solo por las encuestas que circulaban, si no por el mal gobierno que llevó adelante, particularmente durante la pandemia donde se vieron imágenes que bordeaban la vergüenza ajena. Además, en términos económicos, se profundizó la brecha de desigualdad, elevando el número de personas en la indigencia hasta 14 millones más que las que había en 2019. La noche misma de la elección Bolsonaro señaló que él saldría a hablar con los que cayeron en la pobreza y le retiraron su voto para que vuelvan, pero siempre agregando que “el peligro está en los gobiernos populistas que no resuelven la pobreza y restringen la libertad de culto y destruyen la familia”, y que de volver a esos gobiernos, serian “cambios negativos”.  El bolsonarismo, más allá de la posibilidad concreta de ser derrotado en la segunda vuelta, queda instalado como un actor muy importante en la política brasileña. Tomando los datos de la elección presidencial de 2018, donde en primera vuelta Bolsonaro sacó el 46% de los votos (49.277.010 votos), se puede concluir que no fueron muchos los votos perdidos, ni el porcentaje, por parte del candidato de ultraderecha.

Lo que viene

Quedó de manifiesto la polarización en la política brasileña, todas las opciones electorales que circulaban por “la avenida del medio” no consiguieron llegar ni al 5% de los votos. Casi que la primera vuelta fue un borrador de lo que puede ser el ballotage.

Se calcula que alrededor de 30 millones de personas que figuraban en el padrón electoral no votaron. Tomando los datos históricos de elecciones en Brasil, no es esperable que esa cifra cambie mucho para la segunda vuelta, máxime cuando la afluencia de personas a la votación estuvo cerca del 80%, cifra récord en Brasil. Por ende hay en disputa alrededor de 10 millones de votos, aquellos obtenidos por la totalidad de los candidatos derrotados en esta primera vuelta, sobre los cuales Bolsonaro debería conseguir 8 de cada 10 para ganar la elección. Este punto ratifica que Lula efectuó una gran elección y juega a su favor que muchos electores cambian su voto en la segunda vuelta, luego de que “acomodaron” a su candidato en ambas cámaras o distritos. Pero no oculta que, si bien se han conquistado escaños históricos como los de la comunidad LGBTI y originarixs, estará en minoría en ambas cámaras y con importantes gobernaciones en manos de opositores.

Una nueva etapa se abre en Brasil. Traerá grandes desafíos para los sectores populares, que arranca en garantizar el triunfo de Lula en el ballotage, condición para poder emprender la marcha del pueblo hacia la conquista y recuperación de derechos, aprender del pasado y lograr que el pueblo sea protagonista en el rumbo popular.

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