El sábado 8 de Octubre un atentado realizado con un autobomba desplomó uno de los carriles del puente del estrecho de Kerch. La explosión fue de tal magnitud que alcanzó a un tren de carga que trasladaba por ese mismo puente combustible rumbo a Crimea, lo cual trajo aparejado un incendio que duró varias horas. Hasta el momento se reportaron 3 muertes por el estallido.
El puente es uno de los más largos de Europa, 19 km. en total, y es el único punto de contacto entre la estratégica Crimea y Rusia. Construido en 2018 fue un monumento de la concreción de la anexión de Crimea por parte de la Federación de Rusia. Además, estratégicamente tiene un valor alto ya que es a través de ese puente que Rusia abastece a las tropas que avanzaron sobre el sudeste ucraniano. Tras el atentado, y debido a que no se logró romper la totalidad de la estructura, el puente continuó funcionando una vez que se pudo apagar el fuego del tren en llamas y que se terminó la investigación sobre el ataque. Según afirmaron fuentes rusas, nunca corrió peligro la provisión de Crimea.
El atentado tuvo lugar pocos días después del sabotaje contra los gasoductos Nord Stream 1 y 2. Por eso la Duma estatal rusa dijo “El ataque terrorista en el puente de Crimea ya no es solo un desafío, sino una declaración de guerra sin reglas”. La posibilidad de pasar de un enfrentamiento táctico a una guerra total, en consecuencia, se agranda, ya que según la perspectiva de la Duma “Si guardamos silencio y no damos una respuesta adecuada, tales ataques terroristas se multiplicarán”.
Ni bien se produjo el atentado, Putin ordenó crear una delegación que investigue los autores del ataque. Ahora se sabe el resultado de ello, al menos para el presidente ruso: fueron los servicios secretos ucranianos.

Si bien Ucrania no se autoproclamó autora de la voladura del puente, sí se han manifestado de diversas maneras varios integrantes del gobierno. Inclusive, así es como desde la cuenta oficial de Twitter de la presidencia ucraniana publicó:

En la utilización de una expresión en inglés del tipo “tremendo incendio”, la cuenta oficial ucraniana parece tomarse a la ligera el atentado y las consecuencias que el mismo iba a provocar. También el asistente del presidente Volodymyr Zelensky, Mikhail Podoliak, publicó en Twitter “Crimea, el puente, el comienzo. Todo lo ilegal debe ser destruido, todo lo robado debe ser devuelto a Ucrania, todo lo ocupado por Rusia debe ser expulsado”. El mensaje también fue escrito, al igual que el de la cuenta oficial de la presidencia, en inglés.
La explosión en el puente de Crimea no solo inaugura un nuevo ascenso en los niveles del conflicto, sino que también funciona como metáfora de que el tiempo de “tender puentes” entre los países enfrentados parece ya no ser una opción viable.
REPRESALIAS INMEDIATAS
Ni bien se terminó de dictaminar quiénes fueron, para Rusia, los responsables del atentado, se lanzó el ataque en respuesta. Durante la noche del 9 de octubre, más de 100 misiles fueron disparados desde tierra, aire y agua con impacto en sectores estratégicos como instalaciones de energía, comando militar y comunicaciones, en distintas zonas de Ucrania, incluida la capital Kiev. Según los reportes oficiales del gobierno ucraniano, hubo 11 muertos y más de 60 heridos. Debido a la precisión de los misiles rusos sobre fuentes de energía, actualmente en Ucrania hay problemas de suministro de electricidad, agua e internet. Estos lanzamientos continúan hasta el día de hoy.

Antes de estos ataques, el mismo día del atentado, el otro signo de escalamiento del conflicto fue que Putin designó al frente del Ejército que lleva a cabo la Operación Militar Especial en Ucrania a Sergey Surovikin, un conocido alto mando quien ya tiene fama de criminal de guerra y que lleva el apodo “Comandante Armagedon”. Es recordado por su participación en Alepo, donde se atacaron múltiples objetivos civiles y a bombazos se terminó por destruir gran parte de esa ciudad. Por esas “tareas” recibió el título de Héroe de Rusia y una medalla por su servicio en Siria. Todo un mensaje para la dirigencia ucraniana de lo que hay en el horizonte.
EN MEDIO DEL FUEGO, LAS VOCES DE LOS INVOLUCRADOS EN EL CONFLICTO
Va quedando claro el panorama en el enfrentamiento entre la OTAN –mediante la utilización de Ucrania- y Rusia. El ex actor y ahora presidente ucraniano Volodymyr Zelensky centra su campaña, en medio de las muertes y pérdidas materiales de la guerra (acompañado por un endeudamiento impagable en material bélico), en mensajes grabados con estilo cinematográfico y parece no responsabilizarse de haber sometido al pueblo ucraniano a este enfrentamiento tras haber expresado su deseo de ingresar a la OTAN -una provocación exigida por Estados Unidos y que nadie tenía la menor duda que iba a traer consecuencias como las que se están viviendo-. Ahora, tras el atentado al puente de Crimea, el Gobierno ucraniano lanzó un nuevo sello postal con la imagen del puente en llamas. Ese mismo sello postal fue impreso en tamaño gigante y puesto frente a la oficina del alcalde de Kiev, donde los ucranianos y las ucranianas asistían para tomarse una foto.

Asimismo, la dirigencia de Europa Occidental se debate en su rol como súbdito de Estados Unidos aun y a pesar de las consecuencias –por ahora principalmente económicas- que esto trae para su población. Así es como empiezan a surgir, desde distintos lugares, voces que plantean la conflictividad de esta sumisión. Un ejemplo es la Eurodiputada irlandesa, Claire Daly, quien durante una sesión en la Cámara del Parlamento Europeo dijo: “La guerra en Ucrania está escalando rápidamente hacia un horror mayor. Y, por lo que veo, prácticamente nadie en esta cámara está haciendo nada para prevenirlo. De hecho, parece que a la mayoría de la gente le gusta que esté escalando. […] La clase trabajadora de Europa no tiene nada que ganar con esta guerra y sí todo que perder. Me parece ridículo que aquellos que piden armas para Ucrania nunca pidan armas para el pueblo de Palestina o el de Yemen”. Josep Borrell es el Vicepresidente de la Comisión Europea, jefe de las relaciones exteriores, y durante una reunión de dicho espacio expresó: “Nuestra prosperidad estaba basada en energía barata que venía de Rusia, gas barato y sustentable en un suministro desde Rusia que aparentaba ser estable. Y también en el acceso a los bienes producidos por China, donde los salarios bajos de los trabajadores en China hicieron mucho más que nuestros bancos centrales para mantener un bajo número de inflación”.
En Estados Unidos, Joe Biden que hacía poco tiempo había asegurado que el mundo se aproxima como nunca antes al Armagedón, ahora prometió que “Junto a nuestros aliados y socios, seguiremos imponiendo costes a Rusia por su agresión, haciendo que Putin y Rusia rindan cuentas por sus atrocidades y crímenes de guerra, y proporcionando el apoyo necesario para que las fuerzas ucranianas defiendan su país y su libertad”. El ex presidente Trump dijo durante un acto del Partido Republicano que «Debemos exigir la negociación inmediata de un fin pacífico a la guerra en Ucrania o terminaremos en la Tercera Guerra Mundial y nada quedará en nuestro planeta […] Nunca habríamos tenido una guerra como esta y todo se debe a gente estúpida que no entiende nada», en clara alusión al máximo representante del Partido Demócrata.
El conflicto sube de temperatura y tras el atentado al puente de Crimea parece no haber retorno para un pueblo ucraniano que enfrentará días muy duros de avance del ejército ruso. Mientras, el enfrentamiento interimperialista entre Rusia y Estados Unidos continúa sin importar las consecuencias humanas ni económicas para todos los pueblos del mundo. Cuando la disputa de mercados y fronteras está en la mesa, todo lo demás entra en la lista de posibles daños colaterales. Así es como Rusia pretende que mediante el avance militar y el lanzamiento de misiles pueda sentar a negociar de una vez a un Estados Unidos que en la comodidad de la distancia, avanza en la sumisión de los países integrantes de la Unión Europea y el mercado de energía para abastecer a esos países.




















