46 años de la Noche de los Lápices

La resistencia a la dictadura del General Carlos Ongania del 66 al 73 y bajo el tercer gobierno peronista, el movimiento estudiantil secundario había sido protagonista adquiriendo un gran crecimiento y politización.
Se agigantaba la figura del Che siendo el ejemplo para miles de jóvenes y el Cordobazo introducía el protagonismo del lxs obrerxs organizados en alianza con el movimiento estudiantil constituyendo una unidad poderosa. Miles de jóvenes se volcaban a la organización, la lucha y la militancia. Con la derogación en 1973 de la Ley De la Torre, que prohibía la agremiación estudiantil, proliferaron los centros de estudiantes, los cuerpos de delegadxs y las coordinadoras.

Tras la muerte de Perón, en 1974 con el ascenso de Isabel a la presidencia, con políticas de ajuste mezcladas con otras de corte nacional y rodeada de elementos fascistas como la Triple A, enfrentados a sectores que pusieron el blanco principal en el gobierno, mientras caracterizaban a generales como Videla como “peruansitas” o “democráticos”, el pueblo y la juventud se dividían dando el escenario ideal para el inicio de los preparativos golpistas, la situación en el movimiento estudiantil universitario y secundario se fue tornando muy compleja.
Sobre todo con la designación de Oscar Ivanissevich en el Ministerio de Educación, que llevó adelante una política educativa fuertemente reaccionaria y represiva.

En ese periodo lxs estudiantes secundarios de La Plata habían formado una Coordinadora de Estudiantes Secundarios, con delegadxs de todos los colegios. Los que estaban a la cabeza eran Bellas Artes y el Colegio Nacional -dependientes de la Universidad Nacional de La Plata-, los Normales 1 y 3, y el Colegio España. La organización con más peso era la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) -vinculada a Montoneros- y también tenían presencia la Juventud Guevarista -vinculada al PRT- y otras tendencias de izquierda.

El núcleo principal de las reivindicaciones de los secundarios era el boleto estudiantil, que no estaba vigente en la ciudad. Ante el tratamiento de un proyecto en el Concejo Deliberante, el 4 de septiembre de 1975 se realizó una asamblea con 300 delegadxs, que decidió una movilización con más de 3000 estudiantes que fue duramente reprimida pero se conquistó días después la aprobación del proyecto de “boleto estudiantil”.

Así terminaría el año, pero el próximo sería diferente, ya que en la madrugada del 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de Isabel Perón e implantaron la dictadura más genocida que vivió nuestro país.

Se ensañaron particularmente con la juventud que era protagonista del gigantesco auge de luchas en los años previos y condición para llevar adelante un plan de ajuste, desindustrialización y entrega nacional.
En La Plata se hizo cargo de la gobernación Victorino Calabró quien le cedió el mando los militares a cargo de Ibérico Saint Jean.

El coronel Ramón Camps se hizo cargo de la jefatura de la Policía de la Provincia. Bajo sus órdenes, el comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz organizaría el Comando de Operaciones Tácticas de Investigaciones (COTI), una estructura represiva paralela a la policía.
Inmediatamente se prohibió cualquier clase de organización estudiantil, la policía se apostó en los techos de varios colegios, hubo docentes cesanteadxs y comenzaron las detenciones de estudiantes. Para la dictadura, las universidades y colegios eran potenciales “focos de subversión política”.
La resistencia empezaba a funcionar en la clandestinidad y la Coordinadora de Estudiantes Secundarios llamó a resistir y se procuró su reorganización en las nuevas condiciones.
El boleto estudiantil se violó de hecho, ya que las tarifas de transporte no paraban de crecer junto a otros elementos de primera necesidad.
La lucha se desarrollaba en las peores condiciones y dejaban expuestos a las cabezas y organizaciones. Quizás no había demasiada conciencia de lo que se venía.
La madrugada del 16 de septiembre, en un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro eran secuestrados de sus casas. Al día siguiente, los represores apresaban a Emilce Moler y Patricia Miranda, y cuatro días después a Pablo Díaz. También Gustavo Calotti, que había terminado el secundario un año antes, había sido secuestrado el 8 de septiembre.

Todos tenían entre 14 y 18 años, habían participado en la lucha por el boleto estudiantil y la mayoría tenía militancia política. Lxs tuvieron en los centros clandestinos de detención Arana y el Pozo de Banfield, donde fueron interrogadxs, torturadxs, violadxs y sometidxs a simulacros de fusilamiento. Sólo lxs últimxs cuatro mencionados aparecieron con vida años después. El resto permanecen desaparecidos y son parte de los 232 adolescentes secuestrados durante la dictadura.

Sólo el grado de combatividad al que había llegado el auge obrero y popular y la radicalización política en los años ‘70 puede explicar la saña, el salvajismo y la proporción del terror desatado por la dictadura del ‘76.

Pero, sobre todo, la lucha y el ejemplo de estxs estudiantes secundarios se convirtieron en una bandera indeclinable de todo el movimiento estudiantil y popular.

Hoy a 46 años seguimos exigiendo memoria, verdad y justicia.
Reivindicamos la lucha de madres, abuelas e hijos junto a los organismos de DDHH humanos y todo el pueblo que garantizó que el genocida Etchecolatz se pudriera en la cárcel. Esa misma lucha multiplicada, será necesaria para cambiar una justicia patriarcal, cómplice de la dictadura.
Una lucha que nos acerque a la liberación nacional y social por la que dieron la vida los 30.000 compañerxs detenidxs desaparecidxs.

Vivan los estudiantes!!
Viva la gloriosa juventud argentina!!

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