Las imágenes que llegan de Guatemala son la muestra que América Latina empieza a recorrer un nuevo camino. El camino de la lucha popular, que se va imponiendo sobre gobiernos ajustadores, de facto, entreguistas y represores. La mecha que se prendió en Argentina, siguió en Bolivia, Chile, Perú y ahora en Guatemala. Nuevos vientos donde truena el escarmiento popular y se abren nuevos caminos.
Arde Guatemala
Las imágenes de la sede de gobierno de Guatemala ardiendo luego de una gigantesca movilización que lleva días, conmueve nuevamente a Latinoamérica. La brutal represión y encarceladxs no pudieron evitar que el pueblo llegase a la sede de Gobierno y el Parlamento, que también fue incendiado. Fue madurando una situación de masas golpeadas por el ajuste de un gobierno que ha entregado el país a la par de haber profundizado la corrupción vinculada al Estado entrelazado con los monopolios privados.

El epicentro está en el presupuesto 2021 que incluye un fuerte ajuste, donde se recortan partidas sociales de un país sumido en la pobreza y fuertemente endeudado. La receta neoliberal no es otra que las ya conocidas llevadas adelante por los gobiernos ajustadores en acuerdo con el FMI y otros organismos internacionales. El pueblo en las calles exige se dé marcha atrás al presupuesto 2021 al que califican de «corrupto» y que se aplica «con el hambre del pueblo».
Desde las redes sociales realizaron el llamamiento a todas las plazas del país y expresar su rechazo al Gobierno de Giammattei. El vicepresidente, Guillermo Castillo, propuso el viernes pasado al presidente que ambos renuncien a sus cargos «por el bien del país» porque «las cosas no están bien» en el Gobierno. La bronca contra de Giammattei y el Congreso se originó después de la aprobación del presupuesto el pasado miércoles, de madrugada, y sin que los 160 diputados tuvieran acceso al mismo.
El pueblo enardecido con lxs jóvenes a la cabeza, como símbolo común en las crecientes luchas en Latinoamérica, arremetieron contra los símbolos del ajuste y los modelos neoliberales opresores. El Congreso fue sin dudas el epicentro de la ofensiva popular, ya que lxs legisladorxs votaron el presupuesto ajustador e inconsulto.
El hartazgo también llegó al Ejecutivo de quien se exige la renuncia del presidente Gianmattei, responsable de los acuerdos y planeas del FMI que se aplica en el país. El gobierno respondió con la policía y reprimió con la brutalidad acostumbrada.
El pueblo movilizado viene exigiendo que el Presidente vete el presupuesto aprobado, pero este ha respondido que vetarlo solo lograría traer más problemas por el alto endeudamiento que tiene el país. Estas declaraciones echaron más combustible al fuego de la lucha popular, pasando a exigir que se vaya al igual que lxs diputadxs corruptxs que aprobaron el presupuesto y vienen aprobando medidas de ajuste y sometimiento nacional.

El fuego crece
La realidad de los países de la región es muy similar: gobiernos neoliberales, reaccionarios con viejas recetas en lo económico, con alto endeudamiento y ajustes brutales, y con viejas recetas cuando estalla la lucha: represión, asesinatos y detenidxs.
Pero los vientos empezaron a cambiar en la región, mostrando una vez el rápido contagios que generan las luchas en Latinoamérica. Esos nuevos vientos empezaron a mostrarse cuando en Argentina, con grandes sacrificios de la unidad en la lucha, se fue plantando una oposición sindical, social y política al gobierno macrista de Juntos por el Cambio. Luchas que fueron la base de la constitución del Frente de Todxs, el gran frente que derrotó en las urnas al gobierno reaccionario.
Pero esta realidad iba a ser un eslabón de una nueva realidad que iba germinado en la región, donde el pueblo boliviano -que entregó decenas de mártires en la lucha contra el golpe de Estado bancado por los EEUU y la OEA- se volvió a poner de pie y logró derrotar luego de un año al gobierno de facto, recuperando con el Presidente Arce, el Proceso de cambio y el Estado Plurinacional. Evo Morales volvío del exilio en nuestro país, con el que salvó su vida, y fue recibido por millones en las calles de las ciudades que recorrió.
La mecha siguió encendida, haciendo estallar otra bomba en el corazón de Chile, donde la gigantesca lucha del pueblo y los jóvenes de la «Primera línea», lograron después de un año de lucha imparable -sufriendo represiones brutales de lxs carabinerxs- abrirse paso e imponer el plebiscito que dio un contundente triunfo para reformar la Constitución vigente desde 1980, Constitución del dictador sanguinario Augusto Pinochet. Se designó una Asamblea Constituyente con nuevos representantes y con perspectiva de género, constituyendo un hecho histórico. La lucha entró en otra fase donde el pueblo logra avanzar.
Chile y Bolivia contagiaron al pueblo de Perú, que ganó las calles en las principales ciudades del país. El pueblo peruano viene castigado hasta el hartazgo por la pandemia, pero principalmente por el despojo y el abandono del sistema de salud donde lxs pobres no tienen donde atenderse ni donde morir. La corrupción y la disputa en el seno del poder derivó en una lucha donde las expresiones de los sectores dominantes se enfrentaron, pero subestimaron el polvorín reseco bajo sus pies. Polvorín que estalló rápidamente con rebeliones populares de una magnitud que no se tenía precedentes en las décadas pasadas. Millones en todo el país ganaron las calles y lxs jóvenes, al mejor estilo de la «primera línea» chilena mostraron sus escudos y organización para enfrentar la brutalidad policial que dejó dos muerto y un sin número de desaparecidxs y detenidxs.

En Perú el pueblo terció en las calles generando una crisis política de gobernabilidad donde tuvo que renunciar el Presidente Martín Vizcarra (quien fuera vicepresidente de Pedro Kuczynsky que renunció en 2018 por denuncias de corrupción con la multinacional brasilera Odebrech). Junto con Vizcarra renunció todo su un gabinete. Vizcarra había zafado en septiembre de un primer juicio político por el presunto cobro de una coima en 2014, cuando era gobernador. La corrupción es una marca indeleble de estos gobierno en la región, pero también alcanza a muchxs diputadxs en ejercicio. Por eso el pueblo con sus organizaciones han perdido toda confianza. Frente a la renuncia de Vizcarra asumió el titular del Congreso, Manuel Merino que duró horas en el cargo ejecutivo, con total vacío de poder y sin control sobre las FFAA y de seguridad.

La semana que pasó asumió el actual Presidente Francisco Sagasti, designado por un parlamento rodeado por miles en las calles resistiendo el embate represivo. Perú se rige por un sistema semi presidencialista o semi parlamentario, en el que el jefe de Estado surge de elección general, pero debe hacer aprobar en el Congreso el nombramiento de un presidente del Consejo de Ministros (primer ministro), quien, de acuerdo con la Constitución, está sujeto al control de la mayoría de los legisladores.
El presidente electo viene con la obligación de garantizar las elecciones generales que se realizaran el 11 de abril de 2021. Sagasti recibió a lxs familiares de lxs jóvenes asesinadxs en las movilizaciones, Sotelo y Pintado. Lxs familiares exigieron que el gobierno investigue y sancione a lxs responsables de las muertes.
Otras de las exigencias que se pidió en las calles fue que se redacte una nueva Constitución que reemplace a la que se promulgó en 1993, durante el gobierno de Alberto Fujimori.

Vientos del Pueblo
“Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta”.
“Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa”.
(Miguel Hernández)
La nueva normalidad va tomando color en el «patio trasero» de los EEUU, aunque ahora más cuestionado que nunca por sus rivales imperialistas, pero sobre todo porque empiezan levantar la frente los pueblos que mil veces dieron por muertos y sepultados.
Nuevos vientos donde la derrota de Trump sacude la estructura de los gobiernos fascistas como Bolsonaro en Brasil que acaba de ser derrotado en las elecciones distritales, donde una parte de la derecha se le abre y logra ganar en algunos departamentos, pero donde también las organizaciones populares y el centro izquierda suma lugares y se imponen. En la Cámara Municipal de Río de Janeiro, ganó una banca Mónica Benicio, viuda de la concejala brasileña por la comunidad LGTBI Marielle Franco, asesinada en 2018. Los avances de las mujeres y lxs negrxs -mayorías demográficas sub representadas en el poder político- fueron pequeñas, pero la diversidad étnica y de género, en su conjunto, emergió con fuerza en las elecciones municipales de Brasil.
Nuevos vientos donde se aprende de los errores para no volver a cometerlos ganando en la necesaria sabiduría para empoderar al pueblo como el verdadero protagonista de la historia.
Se agudizan todas las contradicciones donde el arte está en seguir en la huella de la liberación y saber aprovechar las contradicciones entre los mafiosos imperialistas que luchan por el control regional y mundial en el mundo multilateral. Donde la característica común es la lucha en las calles, con nuevos usos de los recursos tecnológicos, de las comunicaciones y la propaganda. Donde la lucha del pueblo abre los caminos para echar a los gobiernos reaccionarios y abrir el procesos electorales donde se disputa la continuidad del poder. La nueva realidad es la lucha junto con la creación de instrumentos amplios en todos los terrenos para que el pueblo se empodere y se imponga.
La nueva normalidad nunca será ser cola de algún león con melena frondosa y saludable, sino más bien lo nuevo es ser cabeza de ratón, acumulando experiencias para sobrevivir en las ansias de forjar su propio destino.
Somos protagonistas de momentos históricos de pueblos que no se resignan y que se levantan una y mil veces en nuestra América morena.






















