
He leído El Tren del Olvido de Moira Millán. Lo devoré en cuatro noches. Estamos ante algo anómalo para las Culturas Hegemónicas… una novela sobre una nación originaria -la mapuche- pero escrita por y desde un ser originario. Y más aún, una mujer originaria escritora. Tres desobediencias a los que impusieron su dominio en 1880 en el sur del continente.
¿Cuántos libros –poesía, ensayo, novela– hay escritos por indígenas? Estamos ante una saga, que tiene mucho de propia, de su familia, pero común a los Mapuche y Tehuelche que habitan la Pampa y Patagonia hace miles de años… 18.500 ó 33.000 antes del presente como son los fechados de Monte Verde, muy cerca de Puerto Montt o quizá 40.000 como los de la Puna en Antofagasta de la Sierra, Catamarca. Estamos hablando de fechas contemporáneas a la llegada de homo sapiens sapiens a Europa…
Sin duda estamos ante un pueblo muchas veces milenario en la Patagonia y esta novela es un viaje… un viaje de cinco generaciones atrás por linajes mapuche- tehuelche. Es un viaje al dolor, a la tierra usurpada, a los cuerpos ultrajados, a los pactos traicionados, a los sueños despedazados en los niños y mujeres entregados como botines de conquista, de los guerreros asesinados. Y sueños vueltos a reconstruir.
Es también una novela de amor. De amores, pero no en blanco y negro. Amores de indias y los blancos que no violaron a las mujeres indígenas, sino que las conocieron, respetaron y amaron. Amores de mapuche y tehuelche y galensos e irlandeses que siguieron desafiando la Corona Británica lejos de sus islas en tierras patagónicas.
Es un registro también de las tácticas y estrategias que estos pueblos desarrollaron en el escenario de la terrible derrota de 1885. De cómo se fue reconstruyendo la trama violada luego del genocidio. De las condiciones de vida y trabajo servil que impusieron los terratenientes, mayoritariamente extranjeros.
Pero sobre todo, es una novela de amor a la tierra, con todo lo que la mapu significa en la cosmovisión originaria… Cielo, suelo, viento, subsuelo, pewenes, coirones, mujeres, hombres, nubes, aguiluchos, tormentas, guanacos, lluvia, pumas, estrellas, sueños… En fin, un territorio sagrado, escenario de celebración, de comunión con la Tierra. Espacio de construcción de una cosmovisión totalizadora de materialidad y newén- espíritu fuerza energía.
Moira Millán es una weychafe, una “guerrrera”- en una limitada traducción mapuzugún-español. Junto con su hermano Mauro organizaron la recuperación de tierras en Futahuau, cerca de Gualjaina, con la comunidad 11 de Octubre, en 1998. Tierras que el terrateniente Bestene se había apropiado del cañadón y también alambrado una escuela nacional. Las tierras hoy están en manos de los originarios.
En el 2000, cuando los Benetton inauguraron su museo en Leleque, donde exhiben lo robado en las tierras conquistadas, Moira con su hermana Evis, desafiaron a autoridades e invitados recordándoles, que el museo, está en territorio de la Comunidad Vuelta del Río. Lof que va a estar en los medios de comunicación durante meses, cuando desapareció Santiago Maldonado. Y que la contó al frente de la ocupación del juzgado de Esquel denunciando el allanamiento ilegal de sus viviendas.
Con el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir ocuparon el Ministerio de Interior en octubre de 2019 en Buenos Aires, denunciando el terricidio a la que esta crisis civilizatoria está llevando al Planeta.
Pero guerrera – weichafe- en la comprensión mapuche es una combatiente que explica, habla, interroga, haciendo diez razones de una razón- como le costaba comprender al Coronel Mansilla cuando emprende su tarea de inteligencia militar a los Indios Ranqueles.
El Tren del Olvido es una epew- la narración de miles de razones por la que pelea este Pueblo Nación tan valeroso como heroico. Primer pueblo Indoamericano a la que la Corona Española reconoce frontera en 1641. Epew que también es un programa político cultural, donde hay lugar para los habitantes no mapuche que aman estas tierras. Moira Millán retoma el camino del Gran Jefe Tupac Amaru cuyo levantamiento en 1780 alumbró las inconclusas independencias iniciadas en Bolivia en 1809 y que los pueblos originarios no lograron aún en estos 200 años.
De allí que esta novela, de relato atrapante, sea el tren de hoy. Pídala a su librero, porque a veces no la encuentran en la lista de las librerías.









