El 11 de septiembre de 1973, el gobierno democrático de la Unidad Popular (UP) en cuya presidencia estaba Salvador Allende Gossens, fue derrocado en un sangriento golpe militar que encabezaba el General Augusto Pinochet. Esto sumergió en 17 años de dictadura al hermano pueblo chileno. (Foto de portada: bombardeo a la Casa de la Moneda sede del gobierno chileno 11/9/1973)
El gobierno de Unidad Popular
En las elecciones del 4 de septiembre de 1970, triunfa el candidato de la Unidad Popular Salvador Allende, por entonces senador por el Partido Socialista de Chile. UP era un frente de izquierda y fuerzas populares que encabezaba el Partido Socialista y el Partido Comunista. Entre sus lemas estaba por un Chile socialista, ejemplificado en la idea de la vía chilena al socialismo, una propuesta por “vía pacífica y democrática”.
Numerosas medidas de corte popular muy importantes se realizaron en los tres años de gobierno, medidas que irritaron a las clases dominantes y a sus representantes en las fuerzas armadas.
La estatización de las áreas claves de la economía, la nacionalización de la gran minería del Cobre, congelamiento del precio de las mercancías, aumento de los salarios de todos los trabajadores, modificación de la constitución.

Si bien estas medidas fueron de una gran importancia estratégica, la más importante y que abrió batallas con la oligarquía chilena fue la continuación de la reforma agraria comenzada por los gobiernos anteriores. La distribución de la tierra había dejado afuera a las comunidades originarias, principalmente la mapuche, cuyas tierras ancestrales situadas en la región de la Araucanía hacia el sur, eran económicamente muy importantes y les habían sido arrebatadas por el estado chileno a sangre y fuego en el siglo XIX. El pueblo Mapuche nunca dejó de reclamar y luchar por sus tierras. Fue el gobierno de Allende el que cambió la relación histórica de persecución al pueblo Mapuche por el dialogo y expropió numerosas tierras ancestrales en manos de latifundistas de la Araucanía, hoy con cabecera en la ciudad de Temuco, regresándolas a las comunidades originarias.
El golpe que instauró una dictadura asesina
La nacionalización de la producción del cobre y el reparto de la tierra, fuerondos medidas claves para el desarrollo del socialismo, tal como lo interpretaba la UP. También lo fueron para que la reacción, apoyada por el imperialismo yanqui y los ingleses, comenzarán la conspiración que tuvo un primer intento de golpe fallido llamado “Tanquetazo” o “Tancazo”, realizado el 29 de junio de 1973.
El poder económico real, la oligaquía chilena y la justicia junto a los monopolios imperialistas que hegemonizaban las FFAA, con la colaboración de los servicios de inteligencia, crearon una campaña de desestabilización que culminó con el bombardeo de la Casa de la Moneda, sede del gobierno y la caída de Allende.




Ese 11 de septiembre de 1973, el Presidente Salvador Allende habló al pueblo justo antes del bombardeo, advirtiendo de lo que estaba en marcha y que él no abandonaría la Moneda. Antes de morir, a través de Radio Magallanes en medio de un trasfondo audible de explosiones y disparos, habló de su amor por Chile y de su profunda fe en su futuro. Sostuvo que su compromiso con su país no le permitía tomar una salida fácil y ser usado como una herramienta de propaganda por quienes llamó ‘traidores’.
Durante la dictadura de Pinochet quedaron prohibidos los partidos políticos y sindicatos de trabajadores. El régimen militar aplicaba la censura sobre los medios de comunicación y se limitaron los derechos y libertades, como la libertad de expresión y de manifestación. Se privatizaron las empresas del Estado, no así la Corporación Estatal del Cobre, se frenó la reforma agraria y comenzó la persecución de campesinos pobres y pueblos originarios.
Los asesinatos de militantes revolucionarios y populares, artistas y miembros de la cultura se multiplicaron por miles en el Estadio Nacional de Santiago, transformado en un gran centro de detención y ejecución al igual que otros centros clandestinos.
El plan Cóndor
Se instauró un régimen económico liberal de libre comercio, régimen de concentración de la riqueza en pocos, con grandes ganancias para los monopolios. Este tipo de régimen que llevaba décadas de desarrollo en América del Sur, con gobiernos autoritarios ideológicamente inspirados por la “Doctrina de Seguridad Nacional” con un centro en la persecución y exterminio del comunismo y sectores de izquierda. Se extendieron por lo largo y ancho de la región, hegemonizados por EEUU, en el contexto geopolítico de la “Guerra Fría” con la ex URSS. Este proceso se inició en Paraguay en 1954, le siguió Brasil en 1964 y posteriormente hubo golpes de Estado en Bolivia en 1971, en Uruguay y Chile en 1973, y finalmente en Argentina en 1976.
En nuestro país la dictadura sería hegemonizada por los sectores militares vinculados a la ex URSS ya transformada en imperialista. Esa dictadura iría a fondo con más fascismo, dejando 30000 detenidos desaparecidos, asesinados, exiliados y nietos secuestrados. en medio de golpes de estado en toda América Latina. El macabro “Plan Cóndor” estaba en marcha.
Reflexiones y enseñanzas
Los cincuenta años transcurridos desde el golpe fascista en Chile nos deja varias reflexiones a los sectores revolucionarios y populares en general, sobre todo en tiempos donde vuelve a salir a la palestra las expresiones con mucha fuerza del negacionismo y la reivindicación del terrorismo de Estado y la mano dura como lo muestra la extrema derecha expresada por Javier Milei y también por Patricia Bullrich, que ofrecen políticas de “futuro” con recetas económicas que se impusieron con miles de muertos de la América Morena y que solo llevaron pobreza y hambre a nuestro pueblo.



Otra enseñanza importante es que las alianzas populares pueden llegar al gobierno de un país por medio de una elección democrática y un camino pacifico, pero el proceso de cambio de una matriz económica y cultural en favor de las grandes mayorías implica un camino revolucionario, violento, no por una razón innata del pueblo, sino porque los dueños del poder concentrado no largarán su poder sin violencia. Entonces empoderar a los pueblos mediante un proceso de recuperación económica y de soberanía, implica a la par, la preparación del pueblo para defender esas conquistas e ir mas allá en ese objetivo emancipador, que implica de arranque un camino de democratización de la justicia y las FFAA (brazos armado y legal de las oligarquías) junto a la creación de milicias populares surgidas de los territorios, como elemento vital al igual que una criatura que emprende su desafío de una nueva vida al dar los primeros pasos.
De lo contrario, los resultados están a la vista de manera sangrienta como en Chile, Argentina o Bolivia recientemente, o mediante golpes blandos o directamente por medio de elecciones cuando las fuerzas que conducen los gobiernos progresistas no van a fondo y ceden a los sectores concentrados acrecentando la pobreza, las grandes riquezas y mayor desigualdad, donde a la sombra crece el fascismo con nuevas caras y retóricas, ganando a las nuevas generaciones golpeadas por un presente muy duro y un futuro incierto.
Cultivar la memoria es vital para que el fascismo y la ultra derecha no avance. Es vital para que no ganen a lxs jóvenes. Es necesario para que lo disruptivo no sea patrimonio de esa derecha, sino traer la memoria de la lucha revolucionaria de aquellxs que dieron la vida, no solo una retorica disruptiva, por otra sociedad, otro modo de producción que sea superador de este sistema capitalista imperialista.
La dignidad de un pueblo
Lxs miles de jóvenes que fueron protagonistas del gigantesco levantamiento popular del 2019 mostró un camino popular que impuso y dio forma a los sueños de una nueva Constitución con perspectiva de genero y plurinacional. Fue la base para el triunfo presidencial de una alianza progresista que superaría a la derecha fascista. Pero esos sectores populares no hegemonizaron el gobierno donde predominan los sectores conciliadores con el poder concentrado y los carabineros, que avanzaron sobre la Constitución y otras medidas, trayendo divisiones y confusión en los sectores populares.



Al recordar estas fechas, no pueden ser solo un mero recuerdo del dolor, sino también de enseñanzas de la necesidad de que los sectores populares deben, en amplia alianza, hegemonizar el campo popular para emprender un transito hacia la liberación nacional y social como lo soñó la militancia popular, entre los que se encontraban Victor Jara y otros artistas populares que murieron asesinados en el aquel Estadio Nacional de Santiago por la dictadura que se extendió hasta 1990. Uno de ellos, el poeta del pueblo, el que hablada de y con los campesinos y los obreros, al que le destruyeron sus manos a golpes como expresión de odio hacia lo popular.
Traemos una poesía escrita en homenaje a él y a todos los asesinados y desaparecidos, mientras Pinochet y Videla gobernaban y que León Gieco le puso música, homenajeando al pueblo chileno que apoyó el camino al socialismo propuesto por la Unidad Popular y enfrentó a la dictadura fascista de Pinochet.
“Allá donde todo aquel septiembre
No alcanzó para llevarse la tempestad
Allá donde mil poesías gritaron
Cuando le cortaron al poeta sus manos…”
“Allá donde muchos pensamientos
No tienen palabras ni gritos ni silencios
Allá donde muchos vientos han pasado
Y ninguno pudo detenerse a descansar…”
“Allá donde quedó estrellada
la raíz de un pueblo con sus profetas muertos
allá donde mil poesías gritaron
cuando le cortaron al poeta sus manos…”
Ay, ay, ay, si hasta el cóndor lloró
en Los Chacareros de Dragones, Leon Gieco 1977.




















