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15 años de la masacre de Cromañón

Se cumplen 15 años de la masacre de Cromañón donde murieron 194 jóvenes como resultado de la corrupción de estado donde todo se podría haber evitado si no fuera por la impunidad en el entrelazamiento de los empresarios inescrupulosos como Omar Chabán y Rafaél Levy, dueños del boliche Cromañón y los funcionarios del gobierno de Aníbal Ibarra.

La larga lucha de los familiares, sobrevivientes, amigos y organizaciones sociales, lograron demostrar que no habían fallado los órganos de contralor sino que estos actuaban de acuerdo a una política de recaudación paralela que llegaba a las más altas esferas del poder en la Ciudad, comenzando por la responsabilidad de el propio jefe de Gobierno.

Cromañón no fue un “rayo en una noche estrellada”, sino un accionar, como quedó demostrado en los expedientes de la causa judicial, donde las cajas paralelas se remiten al vértice del poder político, y llega hasta el patrullero de la comisaría, pasando por los ministerios, inspectores, el jefe de bomberos, hasta las empresas vinculadas al espectáculo.

La lucha popular instaló una crisis política sin precedente en la Ciudad que comenzó a cerrar cuando se logró la destitución del jefe de Gobierno Aníbal Ibarra. Esa misma lucha logró que se realizarán cuatro juicios orales en los que fueron juzgadas 26 personas de las cuales 21 fueron condenadas y 18 de ellas fueron a prisión, entre ellos la banda Callejeros. Ya todos ya salieron de la cárcel y la mayoría tiene la condena cumplida.

La lucha popular llevó a Chabán a 20 años de prisión; al manager de Callejeros Diego Argañaraz y al subcomisario Carlos Díaz a 18 años; a las ex funcionarias Fabiana Fiszbin (era subsecretaría de Control Comunal del gobierno porteño) y Ana María Fernández (ex directora adjunta de Fiscalización y Control) a dos años y cuatro meses, así como a los empresarios e integrantes de la Superintendencia Federal de Bomberos de la Policía Federal por pagar y cobrar coimas a empresas por certificados de tratamientos contra incendios o sus reválidas.

Los músicos del grupo Callejeros tuvieron la responsabilidad pasiva de dejarse manejar por inescrupulosos que nada le importa la vida de los pibes, de ellos y hasta de sus familiares que también murieron aquella noche.

Fotografía: Sub.Coop

La masacre de Cromañón marcó un antes y un después en la vida de millones de jóvenes y señaló que “la corrupción de Estado mata” y que tienen responsables con nombres y apellido y que debe empezar por el vértice del poder para poder llegar hasta el último de la cadena, aparte los responsables privados.

Hoy los negocios de Rodríguez Larreta les vuelve a dar un cachetazo a los familiares y sobrevivientes, cediendo el local de Cromañon para emprendimiento privado cuando se pedía que ese espacio quedará como un lugar de la memoria contra la corrupción de Estado se llevó la vida de 194 pibes y pibas de nuestro pueblo.

Un lugar para mostrar hasta el hartazgo que ese mismo pueblo, y la juventud en particular, debe tomar en sus manos la lucha por una cultura popular, propia, sin empresarios inescrupulosos, con control popular independiente de los boliches o recitales. Denunciando a un Estado que pone por delante el negocio privado y la extranjerización, atravesado por el reviente de la droga, el alcohol y la prostitución, en vez de promocionar nuestra identidad cultural, la recreación y la diversión constructiva que llene la vida de los jóvenes.

A 15 años de Cromañón, nada más acertado que la canción que hasta el día de hoy se canta en cada jornada de lucha “ni las bengalas, ni el rock and roll a nuestros pibes los mató la corrupción”.

¡LxS PIBXS DE CROMAÑON PRESENTES!¡AHORA Y SIEMPRE!

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